Una forma de ganar diferente


Autor: JUMILU

Fecha publicación: 18/03/2022

Relato

12 de diciembre. No cabe ni un alfil en las gradas. La competición anual de los Juegos de Invierno de los Pirineos siempre había sido un éxito y había reunido a familias de los pueblos de alrededor. La belleza del paisaje y la intensidad de las pruebas hacía que todos esperaran con ansia estas fechas. Los juegos se componían de tres pruebas: esquí, barranquismo y kayak. Sólo había dos requisitos: participar en familia y no hacer trampas. El público ocupaba todo el valle para asistir en primera fila. Sólo se oía el clamor de la gente gritando y animando a los participantes.

-”3,2,1… ¡adelante!, ¡comienza la prueba de esquí familiar!”- exclamó el locutor por la megafonía del recinto. En ese instante todas las familias participantes salieron con sus esquíes desde la línea de salida poniendo toda la carne en el asador. Sin embargo, la ilusión inicial dio paso al desastre: una familia entera había enredado sus esquíes al no saber frenar y cayeron al suelo haciéndose daño en las rodillas.

-¡Llamen a enfermería!- exclamaron el resto de participantes. Dieron aviso por radio y la competición se paró. Los Juegos de Invierno quedaron anulados por razones de seguridad

Un año después… ¡Las gradas vuelven a estar repletas de gente! Aunque todos tenían en mente lo sucedido el año anterior, la ilusión volvía a estar presente en el público. El locutor dio paso con alegría al comienzo de los nuevos Juegos de Invierno.

Como ya sabían, era fundamental la colaboración familiar para superar la prueba de esquí. Todos los miembros de una misma familia debían llegar a la meta sin causar accidentes y sin chocarse con los pequeños abetos que adornaban el camino.

La familia Cruz logró superar la prueba con alguna dificultad, pues algunos de los niños eran muy pequeños, pero lograron concluirla en poco tiempo.

Los López eran auténticos expertos, fueron los primeros en llegar a la meta. Sin embargo, la familia Pérez, muy conocida en las competiciones por sus buenos resultados de otros años, tuvieron un pequeño tropiezo con un abeto y fueron descalificados por caerse todos al suelo. No pareció importarles mucho porque se levantaron con una sonrisa en la cara.

Llegó el momento de la segunda prueba: el barranquismo. Esta actividad era especialmente famosa por sus grandes alturas de saltos y por sus inmensas corrientes de agua.

Era el turno de la familia Cruz. El agua del río estaba tan revuelta que los hijos pequeños se asustaron y decidieron retirarse para evitar pasar un mal trago. Aunque los Cruz estaban en muy buena forma física y tenían posibilidades de llegar a la final, no conocían el recorrido del río, lo que aumentó su inseguridad. Esta decisión sin duda benefició a las otras familias, que se quitaron unos grandes rivales. Poco a poco las distintas familias fueron quedando eliminadas en la realización de la segunda prueba.

Llegó la temida prueba final: el kayak. Ganaría la etapa los primeros que llegaran al final del recorrido en una canoa de fabricación casera. Contaban únicamente con media hora para coger todos los materiales que necesitaran y que estuvieran cercanos al río y con dos horas para crear la canoa. Una vez acabada, podrían lanzarse al agua y comenzar la carrera.

Sonó el pitido de salida y los miembros de los dos equipos finalistas desaparecieron rápidamente en busca del material necesario. Regresaron con un montón de ramas, maderas y hojas.
A continuación, un segundo pitido anunció el comienzo de las dos horas para crear la canoa.

La familia Pérez, deseosos de llevarse el trofeo, decidieron hacer trampas cogiendo algunas ramas del otro equipo y cortándolas sin que nadie se diera cuenta. Sin embargo, no contaban con que el otro equipo finalista, el equipo Sánchez, era tan rápido que podían sustituir las ramas cortadas por otras.

Cuando habían terminado las dos familias finalistas de hacer su balsa la pusieron en el río y empezaron a impulsarse con las manos. El público no paraba de animar sin parar, estaba siendo una final muy reñida y la gente tenía ganas de disfrutar de la naturaleza y del espectáculo.

Durante la batalla final, los Sánchez remaron con todas sus fuerzas animados por el público. Estaban disfrutando con todas las pruebas en familia, era una auténtica aventura. Pero, cuando quedaban cien metros para llegar al final y hacerse con el premio, la niña pequeña avisó de que los Pérez habían tenido un percance y se habían caído al río, pidiendo auxilio. No dudaron ni un segundo en dar la vuelta y acercarle dos de sus remos. Se les olvidó que estaban en una carrera, su única misión era ayudar. Pese a todas las trampas que habían sufrido, su espíritu deportivo y el recuerdo del desastre del año anterior hizo que prefirieran ayudar a ganar.

La carrera no se acabó, todos volvieron a la orilla. Pero nadie dudó en que es familia era la auténtica campeona de los Juegos de Invierno. El público aplaudió el gesto tan bonito que habían tenido, un ejemplo para todos. La solidaridad y el espíritu deportivo era el espíritu de los Juegos de Invierno de los Pirineos.