UNA AVENTURA EN AIGÜESTORTES


Autor: GLAMOUR

Fecha publicación: 17/03/2022

Relato

UNA AVENTURA EN AIGÜESTORTES
Estaba en Espot con mis abuelos, mis padres y unos amigos porque ese invierno hicimos toda la familia un viaje para celebrar los cuarenta años de mi madre.
Me quedé impresionada de lo bonito que era ese pueblo del Pirineo, sus preciosas y altas montañas verdes que lo rodeaban me dejaron en mi mente una imagen que nunca olvidaré. Lo cierto era que tenía mucha emoción por hacer este viaje.
Por la tarde mi hermana Marta, mi amiga Inés y su hermano Manuel me dijeron que fuéramos a comprar chucherías y andando nos encontramos la tienda de la señora María; entramos y al vernos, muy sonriente nos dijo: ¿nens que voleu?. Y yo le dije que queríamos ocho caramelos de fresa y menta; valen vuitante centims; le pagamos y al marcharnos nos preguntó ¿us agrada el poble?; es precioso respondimos. Fuimos a la plaza donde encontramos a mi familia tomando refrescos en una terraza y nosotros nos pedimos una fanta cada uno. Esperamos a ver la puesta de sol, con un cielo rojizo, y nos fuimos a la casa rural con ganas de cenar y dormir pronto.
Mientras preparaban los padres la cena, con la típica longaniza y pan con tumacaet como allí le llaman, nos quedamos jugando ceca de un lago nevado, haciendo bolas de nieve.
Al día siguiente nos fuimos a el parque de Aigüestortas, allí visitamos el lago San Murci en dónde mi hermana Marta se cayó al agua y nos dio un susto de muerte nos despistamos y nos alejamos de la familia. Estuvimos caminando y observando el paisaje y los animales que pastaban a su alrededor. Al final del todo encontramos una cabaña en la que estaba un hombre con sus cabritas que nos dijo: ¿Esteu Perduts?.... y le contestamos que sí. Entonces el buen hombre nos ofreció entrar en su casa y cenar con él mientras pensábamos la mejor manera de encontrar a nuestros padres. Por la ventana se veía nevar, por un lado, estaba muy preocupada por encontrar a mis padres y por otra ilusionada de ver como caían los copos de nieve.
De repente, llamarón a la puerta y era la policía que nos buscaban para llevarnos con nuestra familia. ¡Que alegría!, aunque pensándolo bien, a mí no me hubiera importado pasar una temporadita en este sitio tan bonito.