UN UROGAYO INOLVIDABLE


Autor: ARTISTA

Fecha publicación: 17/03/2022

Relato

UN UROGAYO INOLVIDABLE
Llevaban días planificando el viaje a la estación de esquí de Espot. Todo lo que habían escuchado acerca de ella por la radio y por la tele les resultaba atractivo: la nieve, la naturaleza, los pinos negros... A Miguel le entusiasmaba especialmente la idea de poder conocer nuevas especies de animales.
Su familia se alojaría en el pueblo con el mismo nombre que la estación: Espot. El viaje era largo, pero merecería la pena. Por el camino la familia iba cantando a viva voz mientras que disfrutaban del paisaje de montaña lleno de pinos cubiertos de nieve y pequeños animalitos correteando por el bosque. –Ten cuidado, papá, no vayas a atropellar a ningún animal – dijo Miguel visiblemente preocupado. – Tranquilo- respondió el padre,- voy muy despacito y prestando mucha atención.
Cuando llegaron al pueblo les resultó aún más bonito que en las fotografías. Todo les sorprendía: el color de los árboles, la temperatura tan baja, el humo que salía de las chimeneas, niños correteando por las calles ignorando el frío que hacía, las casas hechas de piedra, los dos puentes romanos... Tan bonito les resultó que decidieron hacer una visita por el pueblo antes de ir a la estación de esquí. Se prepararon para la salida y, después de pedirle opinión a la señora de la casa donde se alojaban, decidieron empezar la visita subiendo a la torre medieval de vigilancia situada a las afueras del pueblo.
Los niños estaban felices. ¡Era todo muy distinto a lo que habían conocido hasta ahora! Con mucho cuidado, subieron por la torre hasta la parte más alta, desde donde pudieron respirar aire puro y disfrutar de la calma. –No se oye nada- dijo Luisita.- Sí, se oyen pájaros- respondió Miguel. En ese mismo momento, miraron hacia atrás y se encontraron un pájaro que no habían visto nunca pero que conocían de haberlo estudiado en el colegio. ¡Era un urogallo! Tenía la cola tan grande como la de un pavo real, las plumas de color oscuro y un pico grande que movía sin parar, como si estuviera hablando. Se quedó un rato haciendo ruiditos delante de ellos y luego saltó de la torre. – Mirad, ahí tiene su nido- dijo el padre de Miguel señalando un árbol.
A continuación, la familia volvió a la casa, prepararon unos bocadillos y se dirigieron con ilusión al bosque para conocer algunos de los lagos glaciales que habían visto tantas
veces en fotos. Tardaron un rato en llegar a los lagos pero, al verlos, quedaron maravillados al observar que, aunque hacía mucho frío, muchos animales bajaban a beber del agua del lago. Estaban disfrutando tanto del espectáculo que, sin darse cuenta, empezó a anochecer. Para entrar en calor decidieron comerse los bocadillos. Después, el padre trató de orientarse para volver al pueblo, intentando reconocer los sitios por los que habían pasado, pero era imposible. El bosque era muy espeso y no podía recordar el camino.
Cuando empezaron a desesperarse se oyó a lo lejos un sonido que les resultó familiar. - ¡Escuchad!-dijo la hermana mayor. - ¡Es el sonido del urogallo!- gritó Miguel- , ¡sigámoslo!- Poco a poco el canto del urogallo les fue guiando hasta su nido, que estaba a la entrada del pueblo, cerca de la torre medieval. Allí estaba el urogallo, sobre el nido que había construido en la rama de un gran árbol. No se lo podían creer, les había salvado un urogallo.
Al día siguiente, la familia, agradecida, acudió al Ayuntamiento de Espot y decidió donar mucho dinero para contribuir a la conservación de los urogallos, una especie en peligro de extinción que siempre sería especial para ellos.