Se puede ser pequeño, pero tener grandes sueños


Autor: ÁGORA

Fecha publicación: 16/03/2022

Relato

Se puede ser pequeño pero tener grandes sueños
Eran las 20:30 horas en Canarias, cuando la televisión local anunciaba una terrible noticia encabezada por este titular:
“La última especie del pinzón azul del Teide ha desaparecido”.
Ancor, un pequeño niño de 4 años, veía la televisión mientras anunciaban esta triste noticia. Pero él estaba invadido por los nervios y la ilusión de la nueva aventura que iba a emprender. En las próximas horas volaría a Barcelona junto a su familia, dos papás cuyo único objetivo era siempre hacerlo feliz. Era un viaje invernal, en plenas Navidades, a un pueblo encantador, situado en Los Pirineos, llamado Espot.
Llegó el día esperado y pusieron rumbo hacia su nuevo destino. Ancor era un niño amante de la naturaleza y de los animales. Pese a la emoción y las ansias por conocer este nombrado lugar, la noticia escuchada el día anterior en televisión no salía de su cabeza. Sabía que se trataba de una especie única en su isla, Tenerife. Así lo había aprendido en su colegio, en Fasnia, tema que abordó con gran entusiasmo.
Tras varias horas de vuelo y ruta en coche, Ancor y su familia llegaron a este fantástico pueblo, del cual quedaron enamorados desde el primer instante. Aprovecharon las primeras horas para comer e instalarse en lo que sería su casa durante los próximos días. Sus padres decidieron tomarse unos minutos de descanso, pero cual fue la sorpresa de Ancor al ver que ellos se habían quedado totalmente dormidos.
- ¡Están rendidos!, murmuró Ancor.
Al pequeño, sin embargo, aún le sobraban energías y, ni corto ni perezoso, decidió emprender camino hacia el Parque Nacional de Aigüestortes.
Cuanto más se adentraba en él, más fascinado quedaba con cada uno de sus rincones. Llegó por fin al Lago Mauricio y no podía creer lo que veían sus ojos, una estampa inigualable, un lugar sereno, rodeado de naturaleza y aire puro. Decidió, entonces, sentarse a la orilla del mismo y disfrutar de ese momento. Cerró los ojos y dejó volar su imaginación, pero un gran ráfaga de viento lo absorbió.
Comenzó a fantasear con los animales que vivían en ese lugar hasta que el zorro Socorro irrumpió en su camino y le preguntó sin dudar:
- ¿Qué te pasa pequeño?, ¿acaso no te gusta todo esto que ves?
A lo que el niño respondió:
- Claro que sí, pero el pinzón azul de mi isla ha desaparecido y me encantaría encontrarlo-, mientras soltaba cuatro lágrimas.
El zorro Socorro le contestó:
- Tranquilo pequeño, yo te daré mi fuerza para que sigas el camino y encuentres lo que desees.
- Muchas gracias, zorro Socorro.
Ancor siguió su camino campo a través y, de repente, se encontró con un oso pardo llamado Fajardo, el cual le preguntó:
- ¿Qué te pasa pequeño?, ¿acaso no te gusta todo esto que ves?
A lo que el niño respondió:
- Claro que sí, pero el pinzón azul de mi isla ha desaparecido y me encantaría encontrarlo-, mientras soltaba tres lágrimas.
El oso pardo Fajardo le contestó:
- Calma pequeño, yo te daré mi valentía para que encuentres lo que desees.
- Muchas gracias, oso pardo Fajardo.
Ancor caminaba en busca del pinzón azul con mucha fuerza y valentía hasta que algo, bruscamente se posó en su hombro. Era el quebrantahuesos Travieso, que le preguntó:
- ¿Qué te pasa pequeño?, ¿acaso no te gusta todo esto que ves?
A lo que el niño respondió:
- Claro que sí, pero el pinzón azul de mi isla ha desaparecido y me encantaría encontrarlo-, mientras soltaba 2 lágrimas.
El quebrantahuesos Travieso le dijo:
- Relájate precioso, yo te daré mi paciencia para que encuentres lo que desees.
- Muchas gracias, quebrantahuesos Travieso.
Ancor ahora tenía algo más de paciencia, junto a la fuerza y valentía aportada por los animales del parque ,pero en un instante un animal extraño se le acercó.
- ¿Quién eres?-, le dijo Ancor.
- Soy el urogallo Desmayo, vivo en este lugar desde hace muchísimos años, pero…, ¿qué te pasa pequeño? ¿acaso no te gusta todo esto que ves?
A lo que el niño respondió:
- Claro que sí, pero el pinzón azul de mi isla ha desaparecido y me encantaría encontrarlo-, mientras soltaba 1 lágrima.
El urogallo Desmayo le dijo:
- Tranquilo mi niño, yo te doy toda mi confianza para que encuentres lo que desees.
- Muchas gracias, urogallo Desmayo.
Ancor siguió su camino. Esta vez con más confianza, valentía, paciencia y fuerza para conseguir su propósito: encontrar al pinzón azul del Teide.
Se sentía feliz, ya que toda aquella naturaleza era de una belleza espectacular. ¡Qué colores! Los distintos verdes y amarillos de las hojas de los árboles; los marrones sutiles de las ramas de las hayas; el azul intenso de aquellas piedras sobre las ramas de un inmenso abeto; los blancos de las… ¿Cómo?, ¿el azul intenso de unas piedras sobre un abeto?
Ancor recorrió de nuevo el camino andado y se detuvo a los pies del inmenso abeto por el que acababa de pasar. Era un abeto gigantesco, apenas podía verse desde la base del tronco hasta dónde llegaban las ramas más altas. Seguro que allí arriba las nubes se enredaban con las ramas y formaban un mar de nubes. ¡Igual que en Tenerife!
Un escalofrío de alegría recorrió la espalda del pequeño. ¿Y si el mar de nubes de Tenerife se había llevado al pinzón azul y lo había dejado en ese enorme abeto en medio del Pirineo? Tenía que subir a ver si aquello que sospechaba era cierto, por lo que trepó hasta lo más alto y volvió a sentir la misma ráfaga de viento que aquella vez. Cerró los ojos muy fuertes y al abrirlos no se podía creer aquello que escuchaba:
- Soy el pinzón azul novelero. Deseabas encontrarme y lo has conseguido- le dijo.
Así que no olvides que con fuerza, paciencia, valentía y confianza lograrás lo que sueñes.