Por una gota de café


Autor: La Católica

Fecha publicación: 18/03/2022

Relato

Por una gota de café

Las chicas sacaron el mapa y lo extendieron en la mesa del comedor, cuando una gota de café de la taza que sujetaba Marstac, saltó cayendo sobre él. Cogió una bayeta para limpiarla, y al pasarla, ambas se fijaron en el nombre que se revelaba ante sus ojos. Sacaron el portátil y lo introdujeron en internet, y entusiasmadas con lo que vieron, decidieron irse ahí de vacaciones.

Llegó el día, Marstac lucía su vestido rosa de algodón y unas deportivas blancas.
–Estoy lista –dijo Terstela.
–Anda, si te has puesto el pantalón corto que te regalé.
–Sí, con mis botas favoritas.
–Vámonos, ¡empezamos nuestras vacaciones!
–Espera que termine mi moño. ¿Has cogido los regalos?
–Sí, también llamaron las chicas y bajan hasta Sigüenza para comer con nosotras.
–Fantástico, ahora va a ser más divertido.
–Te das cuentas de que vamos a pasar nuestras primeras vacaciones juntas.
–Sí, me hace mucha ilusión.

Cuando llegaron a Sigüenza, las chicas las estaban esperando sentadas en el restaurante. Después de la comida, pasearon por el pueblo y luego se fueron a La Almunia de Doña Godina dónde se quedaron en casa de ellas, ahí pasaron una velada divertida. A la mañana siguiente, continuaron su camino hacia Llavorsí.

–¡Mira qué bonito es todo! –dijo Marstac al bajar del coche.
–Sí, qué animada está la calle.
Irrumpió Terstela en el hotel, sorprendió a la recepcionista y le entregó el DNI, mientras tanto, Marstac llamaba para confirmar las actividades.
–¡Hola! Soy Marstac, tenemos unas reservas para este fin de semana…
–Sí, está todo correcto.
–…y el lunes para montar a caballo.
–Todo en orden, venid a las nueve de la mañana.
–Estupendo, muchas gracias.
–He comprado unos bocadillos, vámonos. ¿Todo bien?
–Sí, todo listo.

Durante el paseo, visitaron la bella iglesia de Sant Serni de Baiasca y las ruinas del Castillo, después comieron a la entrada del bosque.

El sábado por la mañana, salieron a hacer rafting. Al llegar, los trasladaron a todos hasta el río.
–Chicas, ¿preparadas? Coged estos chalecos y cascos, cualquier duda me lo preguntáis.
–Sí –le contestaron.
–Grupo, atentos: cómo ya os indiqué en el correo, bajaremos por el río Noguera Pallaresa y podréis disfrutar de su belleza; debéis estar atentos a mis indicaciones porque debemos esquivar las rocas. Sentaos, coged vuestros remos y ¡adelante!
–¡Adelante! –gritó Marstac.
–¡Usa el remo! –Le recordó Terstela mostrándole cómo hacerlo.
–Sí, lo intento, pero no me apaño.
A medida que avanzaron por el río, el guía les contó anécdotas de sus excursiones y les mostró los pequeños secretos de la ribera. Cuando entraron en la bajada más dura, el guía perdió el equilibrio y se cayó al agua, lo que produjo pavor entre las jóvenes que se sujetaron con fuerza a la barca. Marstac asustada se puso a rezar. Él salió a la superficie sobresaltado y les gritó para que se detuvieran en la orilla. Terstela junto con un chico le ayudaron a subirse, con la mala suerte de que ella perdió el equilibrio y cayó al agua. La cogieron de los brazos y la subieron. Todos se sintieron aliviados. Entre risas, el guía bromeó con las nuevas anécdotas que tenía para contar. A mitad del camino, pararon para tomar algo y aprovecharon para bañarse.
–Marstac ven, el agua está divina.
–Ya lo sé… que voy…
–Chicas, cuidado con los cocodrilos.
–¿Qué?, ¡no! –abandonaron asustadas el agua.
–Es broma, aquí, no hay cocodrilos –se rio el guía.
–Qué malo eres –le dijo Terstela–, salpicándole.
–Nos las pagarás –le amenazó Marstac.
–¿De dónde sois con esos nombres tan raros? –le preguntó Raúl.
–De Madrid –contestaron ambas.
–¿Y vuestros padres?
–También –respondieron sin dudarlo.
–Lo que pasa es que nuestras madres eran amigas y tenían unos amigos maracuchos en común, y allá, es normal crear los nombres y decidieron inventar los nuestros –le aclaró Marstac.
–Sí, tenía que haber algo así. ¿Y os gusta vuestros nombres?
–Sí –respondieron.
–¿Es la primera vez que venís aquí? –preguntó Marstac a Laura.
–No, solemos ir a Espot en invierno.
–En serio, nosotras vamos a Espot dentro de unos días, pero claro, no es invierno –comentó preocupada Terstela.
–Da igual, es un pueblo muy bonito, como todo esto, por eso regresamos aquí siempre. Ahora estamos con el deshielo y ya vez qué ríos y cascadas –dijo Laura.
–Impresionantes –suspiró Raúl.
–Nosotras fuimos a esquiar y pasear en raquetas sobre nieve.
–Cuéntales sobre los lagos –intervino Sonia.
–Hermosísimos, ¡estaban congelados muchos de ellos!
–Y pasead por el Pont Vell –sugirió Sonia–, es precioso y está muy bien iluminado.
Siguieron charlando y apuntando las recomendaciones que le daban las chicas hasta que el guía los llamó para continuar. Después de unas bajadas trepidantes llegaron a Collegats donde finalizó su aventura. Mañana, tocaba barranquismo.
–Ha sido emocionante, me lo he pasado genial y me encantó Baro –confesó Marstac.
–Increíble, ¡la casa típica y la comida!, repetiría –añadió Terstela.

De vuelta en el hotel, bajaron al spa y disfrutaron de un buen masaje con aceites perfumados y luego fueron a cenar. Mientras iban para allá, Marstac le preguntó a Terstela qué la estaba inquietando.
–Te confieso que estoy muy emocionada con mi boda, pero Roberto es complicado.
–¿Cuál es el problema?
–Como sabes, hemos decidido casarnos por la iglesia, y como él no tiene familia y no termina de estar a gusto con la mía, pactamos celebrarla solo con los amigos.
–Bueno, eso lo sabía, pero no la razón por la que la habíais tomado. Me sorprende, la verdad. Si rebajaran la tensión entre ambos, me refiero a tu padre y a tu novio, me dijiste que discuten mucho ¿verdad?, se solucionaría el problema.
–Yo ya he hablado con ambos, y retuercen la cara ofendidos y se van. No quieren ceder.
–Se arreglará. Oye, mira la hora que es. ¿Entramos aquí?, ¡qué estilo tiene!
–Sí, tienes razón, es muy tarde. Este sitio está bien.
–Buenas noches, ¿qué vais a tomar? –preguntó el camarero.
–Yo tomaré un bacalao en salsa de tomate y una copa de vino blanco.
–A mí me da un rape en salsa vinagreta y un tinto de verano con limón, gracias.
–¿Qué era lo otro que me querías contar?
–He decidido pasar una semana en la casa de la montaña con mis padres para hacerles más fácil la transición de mi marcha y, asimismo, jurarles, que si las cosas no fueran bien, no dudaría en regresar.
–Me parece una sabia decisión. Pueden ocurrir muchas cosas en una relación que muevan la balanza negativamente. Pero creo que, si él dejara de ser tan egoísta, todo saldría bien. Ambos os queréis mucho.
–Sí, muchísimo. Bueno, qué tarde es, Marstac, mejor nos vamos a dormir que mañana nos toca una buena.
–Sí, la verdad es que estoy cansada.

Por la mañana, las chicas se fueron a hacer barranquismo a Estarón. Se lanzaron por sus toboganes naturales, hicieron rappels de distintos niveles, se bañaron en sus piscinas naturales y después de tres horas regresaron al hotel.
–Lo repetiría de nuevo y ¿tú?
–¡Sin dudarlo!, ha sido genial –dijo Marstac.
–Cuando me quedé atascada pensé que tendrían que traer una escalera.
–Sí, no paraba de reírme. ¡Qué ilusión, mañana paseo con caballos!
–¡Al fin!, me dijeron las chicas que también se apuntaron.
–Genial.
Durante el resto del día, hicieron diversas actividades, por la noche cenaron con la gente de la excursión, y no pararon hasta la madrugada. Al día siguiente, un hermoso caballo marrón fue la perdición de Marstac. La ruta la hicieron a galope en algunos tramos. Al terminar y después de comer, emprendieron su viaje.

Con el atardecer, llegaron a Espot, se registraron y salieron a hacer senderismo. En la subida se unieron a un grupo de jóvenes que cogían su misma ruta. A la vuelta se fueron todos a tomar algo en el pueblo. Estuvieron de marcha hasta muy tarde. Temprano por la mañana, condujeron a Vielha para hacer parapente. Disfrutaron de unas impresionantes vistas del Parque de Aigüestortes y la emoción de estar en el aire, estaban maravilladas. Al finalizar, se detuvieron en un restaurante de madera, piedra y pizarra precioso.
–¿Qué desean comer?
–Nos pone un arroz con conejo y unas costillas con miel –ordenó Marstac
–Y una jarra de sangría, gracias. Decidido Marstac, para postre quiero unos crepes con crema pastelera y frutos del bosque, y para ti una tarta de manzana con sorbete de limón.
–¡Pero compartimos! ¿Qué te pareció el día?, me encantó sobrevolarlo todo.
–¡Fue impresionante! ¡cuántos lagos y cascadas! Habrá que repetirlo.
Después de comer, repasaron su próxima incursión. Seguirían parte de la ruta de los Carros de Foc, llegarían al refugio de Estany Llong y volverían atravesando el bosque. Al finalizar los planes, decidieron irse a pasear por el pueblo.
–Vámonos ya al hotel, estoy cansada.
–Sí, cenemos ahí, Marstac.
–Me parece bien.

Temprano por la mañana, dejaron el coche en el aparcamiento. Se toparon con bastante gente durante el trayecto y sacaron fotos de la montaña y de unos impresionantes quebrantahuesos que sobrevolaban los árboles por un animal muerto. Tiempo después, se sentaron para descansar y tomar un tentempié. Tiraron migas para los pájaros y emprendieron su expedición adentrándose en el bosque. Caminaron durante horas y agotadas pararon bajo unos árboles… se dieron cuenta de que estaban perdidas. No veían ni escuchaban a nadie y no tenían cobertura, infructuosas buscaron un camino para regresar. Empezó a anochecer y se preocuparon por la posibilidad de toparse con animales salvajes como osos o lobos. A Marstac se le apagó el móvil a las dos de la mañana, y agotadas, decidieron recostarse en el tronco de un árbol para dormir.
–Somos unas torpes. Me voy a casar y me pierdo como una tonta –sollozó nerviosa.
–Sí, hemos sido unas imprudentes. Sabíamos que esto era muy grande –comentó arrepentida–. Mejor estemos en silencio, Terstela, durmamos ya para levantarnos al amanecer.
A las tres y media de la mañana, escucharon voces y les dio terror. Pensaron que peor que estar perdidas era encontrarse con psicópatas.
–No digas nada –musitó, y se tiraron al suelo.
–Sí, pero me parece que nos llaman –exclamó Terstela.
–¡Dios mío, Terstela! –susurró con voz entrecortada y aspirada.
–¿Qué te ocurre? –le preguntó extrañada.
–¡Un animal me está olisqueando!
Terstela cogió su móvil, encendió la luz y dieron un grito aterrador. Avergonzadas, se recompusieron al ver que era un perro de rescate que les estaba moviendo la cola. De repente, este se puso a ladrar dando la voz de alarma.

Las chicas fueron rescatas por una comitiva. Unos jóvenes las vieron adentrarse en el bosque mientras le sacaban fotos a unos urogallos. Esos chicos habían dejado su coche aparcado cerca del de ellas. Durante el recorrido que hicieron juntos, ellas les comentaron que regresarían de día. Al encontrar el coche ahí aparcado tan tarde, decidieron avisar a la policía.
Alumbradas por potentes linternas, salieron del bosque. Uno de los guardias acompañaba animado a Marstac. Terstela, atenta, la miraba por el rabillo del ojo, mientras agradecía a los otros rescatadores la ayuda, sin dejar de acariciar al perro. Al llegar al aparcamiento, se encontraron con curiosos que les recibieron con aplausos. El periódico local las entrevistó para que contaran su historia. Las chicas pidieron perdón por su torpeza y agotadas y aliviadas volvieron al hotel.
A pesar del disgusto, estaban tranquilas y encantadas de estar en “casa”. Marstac, después de ducharse, se sinceró con Terstela y le confesó que sentía algo especial por Guillermo, el guardia. Terstela le aseguró que le había parecido encantador y educado.

Los siguientes días Marstac salió con él. Al finalizar las vacaciones, quedaron en mantener el contacto y verse algunos fines de semana.
–¡Qué sorpresa! –exclamó Marstac a Terstela, mirando a Guillermo despidiéndola mientras se alejaban en el coche–. Este viaje ha sido desde el principio toda una sorpresa –le sonrió feliz.
–El amor y la aventura cruzaron sus caminos –contestó Terstela y le guiñó el ojo.
–Ha sido un viaje maravilloso.
FIN