Los Tres Hermanos Cristeros


Autor: Luis Corona

Fecha publicación: 24/02/2022

Relato

Ramón, Camilo y Cristóbal, hermanos, miembros distinguidos del Estado Mayor y escoltas personales del General Enrique Gorostieta, Comandante en Jefe de los Ejércitos Cristeros.
Después de perdida la guerra ante las fuerzas del gobierno federal liderado por Plutarco Elías Calles, los 3 hermanos fueron a probar suerte como capataces a haciendas del Estado de Aguascalientes.
Por azares del destino conocieron a la Sra. Felisa Aguilar viuda de Don Luis Barrón, propietaria de la Hacienda San Luis de Letras en el Municipio de Rincón de Romos.
La Sra. Felisa los conoció en una tertulia en la ciudad de Aguascalientes, inmediatamente quedo impresionada con la gallardía y el buenmozo aspecto del trio, así que les ofreció trabajo en su hacienda.
Al llegar, se encargaron de hacer prosperar la hacienda, a marchas forzadas, con mucho trabajo, esfuerzo y dedicación.
Después de algunos años, el ego y el orgullo de los hermanos comenzó a salirse de control a tal grado que maltrataban a la gente, humillaban a la servidumbre y a los campesinos, veían con desprecio a las muchachas de clase humilde, las cuales suspiraban por ellos, ya que siempre andaban bien vestidos, con olor a perfume y montados en buenos caballos.
Un buen día llego una sobrina de la dueña de la hacienda, la señora Felisa, la cual era muy bella de nombre Elizabeth, pero tenía un defecto, el cual es que ya estaba casada, su marido se quedó en su rancho en el estado de Querétaro y Elizabeth fue a pasar una temporada con su tía.
Elizabeth, mujer sencilla, alegre, de buen corazón y muy bella, que gustaba de divertirse con los hombres y más si su marido se encontraba lejos.
Elizabeth sabía muy bien de los dones que Dios le dio y también sabía que los tres hermanos la pretendían, obviamente no dejaría a su esposo por ninguno de ellos, pero si quería pasar un buen rato con cada uno.
Ramón le llevaba serenatas, Camilo gastaba sus ahorros para comprarle costosos obsequios y Cristóbal se desvivía en atenciones y la invitaba a los mejores lugares.
Elizabeth se la estaba pasando de lo lindo, dándole picones a los tres, dándoles entrada y al mismo tiempo despreciándolos a voluntad.
Esta situación los estaba volviendo locos literalmente y toda su furia y coraje lo desquitaban con la gente de la hacienda.
Ramón ya cargaba con un fuete para golpear a los peones que desobedecieran, en una ocasión golpeo a un señor de avanzada edad, lo golpeo en la boca con el fuete, le tumbo algunos dientes y le dejo la boca ensangrentada.
Rápidamente corrió el chisme con el señor cura de Rincón de Romos.
Camilo y Cristóbal se dedicaron a robar muchachitas de la hacienda y los alrededores, algunas de ellas fueron golpeadas en arranques de prepotencia desproporcionada , a otras las embarazaban y las regresaban de vuelta a su casa con sus padres sin hacerse cargo de las creaturas, a otras tantas las amarraban en la cama y las azotaban con un látigo o con un fuete de manera tan grotesca que dejaban la cama llena de sangre y las pobres muchachas quedaban marcadas de por vida, debido a las enormes cicatrices que le provocaba el paso del fuete por su tierno cuerpo adolecente.
Un domingo hubo carreras de caballos, Camilo aposto una muy fuerte cantidad de dinero, esto para impresionar a la señorita Elizabeth, su caballo perdió y fue tanto su enojo que fue hasta donde se encontraba el jinete y su caballo perdedor, sacó su pistola y se la vacío al caballo, al jinete lo agarro a golpes.
Al ver esto Elizabeth se asustó muchísimo por presenciar una reacción tan violenta y macabra, esto ocasiono que adelantara en secreto su regreso a Querétaro.
Una madrugada se fue, tan solo se despidió de su tía la Sra. Felisa, los hermanos al saber esta noticia, ardieron en cólera, salieron con varias pistolas a tirar balazos al aire o a donde fuera para calmar su furia y coraje.
En uno de estos arranques de locura, una bala perdida mato a un niño, pegándole la bala en la cabeza.
La gente de la hacienda no lo pudo tolerar, se armaron con lo que pudieron, fueron hasta donde los hermanos se encontraban y los lincharon con tal furia y coraje que desmembraron sus cuerpos, a los restos les prendieron fuego para que no quedara nada de esos seres tan despreciables.
Antes de morir, los hermanos juraron dando alaridos que regresarían del más allá para vengarse, con tal brutalidad y rabia que hasta los perros que se encontraban presentes se asustaron y al dejar de existir, los perros comenzaron a aullar como si fueran una manada de lobos.
FIN