Las montañas de los Pirineos


Autor: Número 8

Fecha publicación: 18/03/2022

Relato

Victoria estaba muy nerviosa ese día. Ella y su familia habían viajado desde Sevilla para realizar una excursión por los Pirineos. Muchas veces en clase había oído hablar de ellos como una cordillera montañosa que hace de frontera natural entre España y Francia, formada por muchas montañas cuyos nombres le costaba siempre recordar, pero ahora ella podría verlos en persona.
Salieron muy temprano ese día. Victoria y sus padres iniciaron la ruta desde Tahull a pie con sus mochilas. Su objetivo era alcanzar el Mirador de Estany Llebreta para disfrutar de sus hermosas vistas. Habían metido en sus mochilas solo lo necesario pues les esperaba un largo camino y, las mochilas, no debían pesar mucho.
Victoria estaba asombrada con la belleza del paisaje: las montañas tan altas con nieve en sus cimas, la vegetación tan verde, los cielos tan azules,… Las primeras horas de la ruta se le pasaron rápido aunque estaba cansada. Cuando llegaron al mirador decidieron pararse para comer y descansar un poco, ya que pensaron que sería buena idea continuar un poco su ruta y llegar hasta el Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici.
Victoria decidió adelantarse un poco para ir a explorar. Aunque sus padres le dijeron que no se alejase mucho, acabó haciéndolo, sin darse cuenta, persiguiendo a una hermosa ardilla roja. Cuando la ardilla desapareció de su vista en un arbusto, se dio cuenta de repente de que se había perdido. No sabía cómo volver para reunirse con sus padres. Nerviosa se puso a chillar lo más fuerte que pudo, pero solo consiguió que el eco devolviese sus gritos. Encontró un sendero y pensó que lo mejor era seguirlo porque le podría llevar hasta alguna casa o pueblo.
Al cabo de unas horas Victoria estaba agotada. Se sentó en una piedra grande y se puso a llorar. En ese momento, escuchó una voz que le decía:
- “No te preocupes. Nosotros te llevaremos con tus padres”.
Victoria no era capaz de averiguar de dónde venía esa voz, por lo que respondió:
- “¿Quién eres? ¿Quién habla?”
- “Soy yo, Pic de Contraix”, le respondieron.
- “¿Pic de qué? ¿Dónde estás? No te veo”, dijo Victoria.
La voz le respondió:
- “Eso sí que resulta gracioso. Nunca me habían dicho eso. No soy tan alto como mi primo el Pico Aneto, pero tampoco soy pequeño. Mido casi 3000m”.
De repente, se oyó otra voz:
- “No seas fanfarrón. Por aquí muchos medimos cerca de 3000 m”.
Victoria estaba pálida. Tartamudeando preguntó:
- “¿Y quién eres tú?”
- “Soy el Gran Tuc de Colomèrs”, respondió la voz orgullosa.
Victoria no entendía nada. No sabía quién le hablaba, ni de dónde venían las voces. Lo único que sabía seguro era que estaba perdida y tenía miedo.
- “No has de tener miedo. Nosotras te protegeremos y te llevaremos con tus padres”, dijo Pic de Contraix.
Victoria preguntó:
- “Pero, ¿quiénes sois? ¿Cómo sabéis dónde están mis padres?”
- “Nosotras somos las montañas que tienes a tu alrededor y te hemos estado viendo desde hace horas. Como no podemos movernos y somos tan altas, una de nuestras principales distracciones es ir viendo a los excursionistas que vienen por aquí”, dijo Gran Tuc.
- “Pero… ¿las montañas hablan?”, dijo la niña sorprendida.
- “Sí, aunque ha de ser un secreto entre nosotras, o tendremos aquí miles de personas viniendo a hablar con nosotras y estropeando así la paz de este lugar”, le contestó Pic de Contraix. “Aquí somos un montón de montañas y por las noches solemos comentar entre nosotras las aventuras de los excursionistas. Somos unas montañas con suerte porque en pocos lugares del mundo hay tantas montañas juntas”.
A Victoria se le escapó una sonrisa pues se dio cuenta de que con la ayuda de las montañas podría encontrar fácilmente a sus padres.
-¿Y qué he de hacer para encontrar a mis padres?, preguntó Victoria.
- “Es muy fácil”, respondió Pic de Contraix. “Mi primo Pic de la Pala Alta de Sarradé me ha dicho que te están buscando por los alrededores de su valle. Nosotros te iremos guiando hasta allí”.
- “¿Cómo”, preguntó la niña. “No podéis moveros, ¿no?”
Se oyó entonces una gran carcajada.
“Tienes razón, no podemos movernos, pero desde aquí alto alcanzamos una gran distancia. Además, todas las montañas de aquí formamos una gran familia, y cuando ya no puedas escuchar mi voz, otra hermana montaña te guiará”.
Y así fue como sucedió. Las montañas fueron guiando a la pequeña Victoria en su camino de vuelta hasta encontrar a sus padres, y Victoria durante el camino hizo un montón de nuevas amigas montañas.
Al regresar a su colegio de Sevilla, el profesor de Sociales le puso a la clase de Victoria un examen sorpresa. Tenían que nombrar montañas de los Pirineos. Mientras los compañeros de Victoria protestaban, ella sonrió. No sabía si tendría suficiente espacio en el examen para escribir todos los nombres de sus amigas.