LA REPOSERA


Autor: Doctor G.

Fecha publicación: 18/03/2022

Relato

LA REPOSERA
Algunos conocidos lo señalaban como un gran aventurero, los amigos lo consideraban un hombre arriesgado, los familiares, directamente, lo tildaban de loco.
Nadie recuerda con exactitud cuando comenzaron las osadas ocurrencias de Efraín Valverde Parca, algunos estiman que fue a poco de cumplir sus cincuenta.
Lo incuestionable es que Efraín dejó familia y hogar para emprender un camino incierto. Antes de su partida fueron varios los que lo observaron ensimismado, rodeado de mapas y guías de viaje.
El primer destino fue Pucón, al sur de Chile. Había averiguado que el sistema de Monitoreo Alerta Temprana Preventiva de Actividad Volcánica en la ciudad estaba en su color amarillo, lo que indicaba un incremento de nivel de actividad.
Se asentó con una reposera al pie del volcán Villarrica. A los tres días una pequeña sonrisa se dibujó en su boca al ver el color naranja anunciar un probable desarrollo de una erupción en el corto plazo. Quien lo viera de lejos pensaría que Efraín ensayaba un rezo.
A pesar de sus deseos el naranja nunca llegó al rojo que determinaba erupción inminente. Desilusionado guardó el Mapa de Peligro Volcánico emitido por la Red Nacional de Vigilancia Volcánica.
Algunos pocos amigos que mantenían comunicación a distancia no lograban comprender las intenciones de Efraín.
Efraín nos está ocultando algo. Huelo un diagnóstico de enfermedad terminal.-percibió su amigo Hilario.
Para mí tuvo un brote psicótico.-aseveró Alcíbar.
Una desilusión amorosa. Sin duda alguna.-manifestó convencido Calisto, el mayor de los amigos.
El pueblo de Kushiro, en la isla de Hokkaido, fue su nuevo destino. Allí se ubicó en la costa del pacífico con la misma reposera. Sacó de su mochila un sándwich de milanesa y esperó el acontecimiento inminente que había pronosticado el Estado de Precaución, Alerta y Alarma por Tsunami de Japón.
Sus estudios habían sido minuciosos pero a veces la naturaleza sorprende con cambios en sus manifestaciones. Ya le había ocurrido con el volcán, una erupción inmediata que se diluyó con el paso de las horas.
En cada masticada, Efraín empezaba a percibir el crecimiento de las olas. Aunque le llamaba la atención que los lugareños no tomaran sus recaudos.
Las frías aguas del Pacífico llegaron a mojar sus pies, pero sólo hasta ahí llegó el Tsunami pronosticado.
Ya no se puede confiar ni en la naturaleza.-murmuró.
Las especulaciones de los amigos no descansaban.
Estoy convencido que está atravesando un proceso místico.-afirmó uno de los incondicionales.
¿Habrá hecho una apuesta con alguien?-discurría otro, a la par que revisaba en el periódico los resultados de la lotería.
A Salicas llegó en el momento indicado. No hizo falta consultar el Sistema de Alerta Sísmica Temprana. La tierra ya comenzaba a rajarse, las víboras salían de sus nidos, los perros no paraban de ladrar y correr. Los pájaros se alejaban.
Ubicó la reposera sobre la grieta, dos patas de un lado y dos patas del otro. Asentó su cuerpo en ella. La gente corría sin rumbo.
A miles de kilómetros se sucedían las teorías sobre la actitud del querido camarada.
Consulté con mi psicólogo. Según él, Efraín está poniendo en práctica la Terapia del Miedo. Parece ser que si uno se enfrenta a diversas situaciones extremas de peligro, y las supera, podría afrontar un futuro sin nada que lo atemorice.-explicó Evelio, un amigo de la infancia.
Si las supera. Porque si no las supera decile a tu psicólogo que lo que puso en práctica fue la Terapia del Féretro.-respondió otro, con acidez.
La grieta no logró ensancharse en las tierras riojanas de Salicas, ni profundizarse. Apenas logró tragarse un cachorro de Chihuahua.
La belleza del Parque Nacional de Aigüestortes invita al disfrute de la vida y la contemplación, menos para Efraín que arribó con el BPA bajo el brazo. Que lo utilizaría de manera opuesta para lo que había sido creado. La intención de Efraín no era evitarlos.
Ubicó su reposera en el Prepirineu, bajo el punto donde según el Boletín de Peligro de Aludes había altas probabilidades de un derrumbe fuerte.
Usaba campera sobre campera, cuatro pares de medias, gorro de lana, bufanda y guantes.
No sé que hace ahí, si no soporta el frío.-se quejaba, con preocupación, su amigo y compañero de facultad.
¿No estará haciendo todo esto para una publicidad de reposeras?-arriesgó Saverio.
El BPA mostró su eficiencia, el fuerte alud cayó según lo esperado. Los rescatistas lograron ubicar los restos de una reposera.
En un parador alejado del lugar, Efraín calefaccionaba su cuerpo tiritante con la ingesta de una olla aranesa, a la par que el humo invadía su rostro. Con el guiso incorporado regresó al punto elegido.
Se vio descuartizado al reconocer los restos de la reposera. Vio su propia muerte, como el que dice salirse del cuerpo y verse inánime. Mi psicólogo me dijo que a eso se le llama traspolación.-manifestó Evelio.
Efraín Valverde Parca ya no se desplaza por lugares de riesgo, ahora tan solo recorre los negocios de venta de artículos de playa y jardín.


Doctor G.