LA NIÑA QUE VIVE EN ESPOT


Autor: Aitana

Fecha publicación: 11/03/2022

Relato

Érase una vez una pequeña niña que se llamaba Aitana. Vivía en un valle al lado del río Noguera-Pallaresa, llamado Espot. Allí era muy feliz, vivía en la naturaleza con su familia. Cada día iba a la escuela y por la tarde le gustaba pasear por las montañas de los pirineos. Los fines de semana le gustaba ir con sus padres al Parque Nacional de Aigüestortes y lago de San Maurici. Algunos días Aitana paseaba por las zonas bajas de la montaña donde había robles, fresno, hayas y avellanos. Otras veces subían arriba dónde había grandes pinares de pino negro y enormes bosques de flores como los ranúnculos amarillos. También paseaban por los lagos y ríos.
Aitana jugaba a buscar nuevas especies, como el lirón gris, la aridilla roja o el corzo. Y en los ríos y lagos siempre encontraba truchas. Pero su sitio favorito era el lago de San Mauricio.
A su familia les gustaba sentarse a comer el bocadillo y descansar a la orilla de su pequeña presa desde donde podían ver el pico de los Encantados.
Uno de esos días sentados en la orilla del lago Aitana comenzó a jugar y sin darse cuenta se adentró en el bosque. Entusiasmada pro ver todo lo que le rodeaba se alejó de su familia mientras el sol bajaba entre los árboles. Estaba asustada, pero decidió ser valiente e intentar buscar un lugar que reconociera para poder volver a su casa.
Mientras caminaba encontró en el camino hermosos urogallos con muchos colores, unos pardos oscuros con plumas verdes en el pecho y otros más pequeños claros y amarillentos.
De repente, escucha un fuerte ruido, era un animal que parecía gritar. Se asustó mucho porque podía ser un jabalí, pero no paraba de sonar y decidió ver de qué se trataba. Fue siguiendo el sonido hasta que vio de lejos una enorme ave que se encontraba herida. Al acercarse vio un hermoso buitre un quebrantahuesos. Tenía un ala herida y no podía moverse. Aquel animal era casi tan grande como la pequeña niña y ya había oscurecido. Pero Aitana sabía que era una especie en extinción podía morir y tenía que ayudarlo. De modo que buscó donde pasar la noche y encontró un pequeño refugio y juntos pasaron la noche abrazados.
A la mañana siguiente, los guardas del parque encontraron en el refugio a los dos sanos. Los veterinarios cuidaron al quebrantahuesos y rápidamente se curó. Pero el ave y la niña se hicieron grandes amigos para siempre.