JUNTOS


Autor: D.S.

Fecha publicación: 18/03/2022

Relato

JUNTOS
La tierra rugió con consonancia y consistencia provocando un cantico bestial que nunca antes fue escuchado en la región. Era media noche mientras al calor de una pequeña chimenea una mujer daba a luz en medio de aquel concierto nefasto. Las mujeres oraban y lloraban, los hombres, siempre tranquilos e incólumes como robles, esta noche temblaban inconteniblemente al son del cantico de la tierra. En el exterior, luces misteriosas adornaban el cielo al son del bramar de la tierra que se tambaleaba y partía, haciendo imposible para los habitantes de la pequeña aldea no imaginar que estaban viviendo el fin de los tiempos, tal y como se profetizo desde antiguos tiempos… pero… de la misma forma como la locura de la tierra comenzó, así mismo finalizó, de golpe, rápido y seco, como el concluir de una sinfonía en una única nota final, naciendo así unos preciosos mellizos, uno de cabello castaño oscuro, rollizo y fortachón y otro de un rubio platinado, delgado y delicado.
Para sus adentros, los habitantes de la aldea siempre pensaron que este nacimiento fue un terrible presagio de maldad, pero su amor de comunidad, su cercanía con los padres, y su fe inquebrantable en el señor, les hizo callar tales pensamientos, pero fue imposible querer de la misma forma a los mellizos. Y claro que los cuidaron, y claro que hacían parte de la aldea, pero era evidente que nadie, a excepción de sus padres, deseaban estar cerca por más de cinco minutos de ellos, y bajo estas extrañas condiciones, los niños crecieron en la ignorancia de su cariñoso desprecio, mientras aprendían el solitario arte de la cacería que con dedicación les inculcaba su padre, un arte que sería un nuevo regalo de la casualidad, que no fuese su padre tendero.
Siendo ya hombres, y extraordinarios cazadores, su padre y su madre se embarcaron en un viaje comercial que tardaría al menos seis meses, dejando su hogar al cuidado de sus amados hijos y partiendo a un delicado viaje que fue posible gracias a la habilidad de los mellizos, quienes pasaban cada segundo posible cazando en el bosque y las montañas.
- (Mi hermano es un tonto, su brillante cabellera hace que los animales lo vean a kilómetros, se lo he dicho, pero insiste en estar siempre al descubierto, correteando por las montañas y desgastando su cuerpo. Yo por el contrario soy un genio de la cacería, en cada caminata que doy analizo la tierra, los arboles el cielo y descubro el lugar preciso para esperar pacientemente, solo me recuesto y descanso esperando que mi presa se acerque lo suficiente para finalizar la cacería con un golpe certero)
- (Mi hermano es un tonto… uff… cada día más gordo y pesado… uff… tarde o temprano no será capaz ni de regresar su propio culo a casa… uff… menos… uff… de cazar. Yo por el contrario me mantengo en la mejor forma posible, me ubico de forma tal que los animales puedan verme llegar… uff… y los dirijo directamente a mis trampas… uff… nadie lo hace mejor que yo)
Pensaban en esto los hermanos mientras que cada uno hacia lo que mejor sabía hacer, y en las condiciones que mejor les favorecía.
Escucharon entonces unas campanadas provenientes de la aldea, que como cada año iniciaba su multitudinaria peregrinación religiosa, algo que a los jóvenes cazadores nunca les agradó, pero que por respeto a sus padres siempre acudieron, pero este año estaban solos, ¿Qué debían hacer? se preguntaron y rápidamente fueron a casa, el punto de encuentro de los mellizos desde niños.
- ¡Hermano! ¿Cómo estuvo la cacería?
- Seguramente mejor que la tuya – Se saludaron efusivamente los hermanos con un fuerte abrazo.
- No sé que piensas hacer, pero yo no voy a ir a la peregrinación, es una tontería… la gente del pueblo no nos quiere allí y yo no quiero ir, tu has lo que te venga en gana.
- A nuestro padre no le va a gustar esto… ¿lo sabes?
- Lo sé, por eso tengo un plan… voy a traer tanta carne y pieles, que no podrá desempacar antes de que tener que volver a partir para vender mis presas. Si eso no lo calma nada lo hará… pero tranquilo hermanito, ve a rezar, en cualquier caso, soy yo el que siempre trae más mercancía.
- ¡No habléis sandeces! No hay forma que nadie te considere mejor que yo en la cacería.
- Apostemos entonces, veremos cuantos quintales trae cada uno al final del día y ese será el mejor cazador, ¿te parece bien mi delgaducho hermano?
- Me parece bien, mientras nuestro propio peso no se tome en cuenta claro está, tu valdrías por 19 quintales cuando menos.

En medio de risas y abrazos partieron los jóvenes a la montaña, la cual, para ser más justos y poder usar sus particulares habilidades de forma tranquila, establecieron que el terrero de caza sería divido en dos, mitad de la montaña para uno y mitad para el otro, tomando como mojón de partida un viejo árbol caído en la base, una división innecesaria pensarían algunos, tomando en cuenta la magnitud del terreno, pero esto eran consideraciones insignificantes para los jóvenes cazadores.
El fornido cazador caminó la pendiente montaña mientras verificaba cada tronco, cada matorral, cada pequeño montón de estiércol que encontraba, llegando hasta un viejo árbol al lado de un pequeño lodazal. No era necesario un cazador experimentado, no era necesario a alguien con un minúsculo conocimiento de fauna para identificar estas profundas huellas, se trataba de una familia de jabalíes, y está vez andaba con suerte el cazador, era un grupo pequeño, pero desarrollado y seguramente su líder sería una creatura suficientemente grande como para ganar con facilidad la competencia. Mientras continuaba su asenso por la montaña, logró identificar que podrían ser unos cuatro ejemplares de gran tamaño, todo gracias a que venía recogiendo desde el lodazal diferentes tipos de pelo, con coloraciones ligeramente diferentes, pero con el mismo tamaño y consistencia. Considerando su habilidad con el arco, y la rutina de los jabalís detallada en el terreno, antes de finalizar la tarde ellos llegarían a él y podría acribillar, como mínimo, al más grande, y en el mejor de los casos, a un segundo espécimen, ganando con esto la competencia. Fue entonces cuando se subió a un poderoso árbol, se arropo adecuadamente para esconder su presencia y pacientemente contemplo la belleza de la naturaleza.
El rubio y delgado cazador, no quería perder un solo segundo, ascendió rápidamente la montaña por los caminos trazados desde tiempos de sus antepasados para llegar directamente a su punto de partida. Desde allí visualizo los mojones que especificaban las trampas, entre ellos estaban algunos viejos árboles, otros demasiado tupidos, unos cuantos pastizales, y como no, rocas de gran tamaño descubiertas de vegetación. Es importante para un cazador saber donde pone sus trampas, no fuera a caer en ellas o perder tiempo llevando a los animales a lugares distantes y perdiendo con esto cualquier posibilidad de captura. Una vez verifico su posición y la de sus trampas era hora de comenzar el recorrido, debía hacer mucho ruido y siempre en la dirección adecuada, así su presa, corzos o jabalíes correrían justo por donde el deseaba que corrieran, y siendo animales grupales, las posibilidades de captura se incrementan en proporción al tamaño de sus grupos.
La noche terminó por caer sobre la montaña, el delgado cazador agotado del fracaso de su empresa por primera vez en meses, terminaba de revisar la última trampa, pero extrañamente, en lugar de regresa a casa, decidió subir la montaña. De la misma forma, el corpulento hombre, furioso por su derrota, y adolorido por tantas horas escondido en un árbol, en lugar de caminar a casa, quiso estirar sus piernas subiendo la montaña.
Cada paso al punto más alto de montaña parecía que acercaba más las nubes de tormenta, pero los cazadores no se inmutaron, y continuaron su ascenso, cada segundo hacía que en la lejanía las bestiales nubes se movieran de forma más agresiva. La luna fue ocultada por las nubes, y en la aldea, como lo fue hace tantos años, los viejos corrieron a esconderse a casa, ellos ya habían vivido esto y sabían exactamente lo tétrica que sería esa noche y la terrible sonata que estaba por comenzar.
Los cazadores por fin se vieron frente a frente, y lo que antes fueron rostros de furia por un mal día de trabajo, se convirtió rápidamente en rostros de alegría al ver a quien siempre ha estado allí desde mucho antes del nacimiento.
La tormenta se desató y el bramido de la tierra no se dejo esperar, un temblor monstruoso, luces, truenos, rayos, el mundo mismo parecía sacudirse mientras la tierra cantaba, los hermanos se miraron fijamente y más con decisión que con terror corrieron rápidamente al encuentro de su hermano, pero como en su nacimiento, un silencio intempestivo silencio golpeo con fuerza, dejando en el paisaje dos picos que poco antes fuese una única montaña, y dos hermanos desaparecidos.