Jackson, Mississippi / 1960


Autor: Botho

Fecha publicación: 18/03/2022

Relato

Jackson, Mississipi / 1960
Botho

SEÑORA.- Esta despedida que ahora nos entristece no debemos entenderla como un terco adiós. Dejémosle eso a los animales. Las mujeres con clase somos de acciones dramáticas, pero tu cara y la mía guardan gesto melancólico. Ahora lo sabes. Llegó el momento de los días desconocidos. Todo tendrá una intención diferente. Deja la maleta en el suelo y siéntante un momento. Son los nuevos días de una vida que ahora te regalo porque has sido una buena chica. Lo digo enserio. No es que no hayas cometido errores, no recuerdo un día en que no hayas metido la pata en algo, pero eras joven, más joven que ahora. Debe ser un sueño tener tu edad y abrir la puerta al mundo. Pero mi advertencia no sobra. Lo que has vivido aquí no es más que el reflejo de lo que hay ahí afuera. Lo que piensas solo posible en otros lugares es la vida en el hogar. Ahora el mundo te reconocerá como mujer, aunque no sea la mejor de las distinciones. Sé inteligente y no huyas de la multitud de los hombres. No saben más que tú. Acuérdate de mí cuando alguien no te mire a la cara y trata de que no te tiemble la mandíbula si te agarran por la barbilla. No corras. Escucha todas las conversa- ciones que se dan a tu alrededor y aprende de las personas por como dicen lo que dicen no por lo que dicen. Nunca hablan de cosas importantes hasta que no estalla una guerra. No uses los cuchillos fuera de la cocina. Ese consejo es de mi madre. Hay otras formas de atender la furia. Respeta tu inapetencia. Ahora eres alguien libre que conoce el horror de las noches frías. Así que revisa la pru- dencia en las peores horas del día. Yo no quise quererte mal. Yo intenté mantener una casa educada, limpia y de fortuna. Eso no se consigue sin fuego, ¿entiendes? Recuerda casarte con el hombres más callado de la sala. Debes trastocar la palabra amante en tus principios. Un hombre que te deje ocuparte de tu casa es un hombre válido. No importa mucho su amabilidad en lo diario, lo notable es que pase mucho tiempo fuera de casa. Porque es en esos momento cuando no existe el matrimo- nio. Existes tú. Hazte peinados de mujer pudiente a diario. Deja que los espejos hablen de ti. Incluso en los lugares más blancos. Mantén la punta de la nariz en alto, los hombros sin tensión, y las zancadas en paralelo. Si algo te sale mal, acuérdate de mi. Cruzar una calle a paso ligero llena de gente ya es una provocación, así que ponte a silbar. Silba siempre que algo trastoque tu lado femenino. ¿Qué llevas en la maleta?

La señora abre la maleta.

Nada de esto importa. Ni esta ropa, ni esta toalla, ni esta fotografía. Deja la maleta aquí. Vete sin nada. No corras. Deberías salir desnuda a la calle. Caminar por los sitios y hacerte con las cosas que de verdad te hacen falta para ser quien debes ser. Hazte con ellas. Son tuyas. Y si alguien te pregunta, ¿me lo puedes repetir, por favor? Esa persona no merece tu paciencia. La paciencia es para el que presta atención. Este juego que ahora se te plantea no es más que un mastodonte. Tienes que subirte encima y dirigirlo con elegancia hacia tu complacencia. Ser una señorita como tú es más difícil que la vida. Utiliza lo blanco que hay en tu cara. Pero hazte la pregunta y espera la respuesta. Hazte la pregunta y espera la respuesta. ¿Qué soy yo, aquí? Y cuando dentro de tu oreja encuentre un eco la revelación, acuérdate de mí. Por que no te vas sola y sin nada y la vida no tiene que ver con la felicidad. Te vas con una ambición. La ambición que nunca salió de tu espalda. Esa que creo ayudé a robustecer. Tu espalda es robusta querida, tu cara triste pero tu espalda robusta. Eso hará que encuentres casa y marido. No te vas sola y sin nada. A la vuelta de la esquina hay gente esperando para darte los buenos días o para intentar venderte un reloj. Y tú, ojos y dientes. Nunca lleves reloj, el tiempo se entiende por palpitaciones. Tu pulso te dirá si debes abandonar una habitación o una conversación. Cuando estes manteniendo diálogo con alguien, cruza las manos entrelazando los dedos al escuchar, apoyando siempre el pulgar en la parte interna de la muñeca, siente tus pulsaciones y sabrás que hora es. Y cuida mucho tus manos. El piano puede darte de comer. Yo no quise quererte mal, ¿entiendes? Yo he sido una mujer honesta con mi siglo. Honesta con mi madre y su educación. Que no pone la mesa porque no le corresponde. Que no sacude el polvo ni arranca hierbajos porque no le corresponde. Que levanta la voz porque le corresponde defender su propiedad y las propiedades que respiran dentro. Te he defendido. Te he defendido de las revelaciones de una niña negra intrusa en mi casa. Porque así llegaste pero no es como te vas. No te vas sola y sin nada.

Par mí ha sido un diabólico reto mantener la cordura todos estos años.