Hoy como ayer


Autor: fatiga

Fecha publicación: 09/02/2022

Relato

HOY COMO AYER
Me dejo caer en el banco, miro el horizonte para ver el mar apenas surcado por algún pequeño barco de pesca, escondido entre otros grises que lentos y perezosos se dirigen a la base. Estoy empezando a desorientarme, como otras veces, aunque ahora se cual es el sitio en el que me encuentro, cosa que no sucede con la identidad del joven que se encuentra sentado en el otro extremo del banco, en este momento en el que no es de noche ni de día, un momento como otro cualquiera, momento ideal para saborear mi té en el vaso acondicionado para ello.

-Le busco a usted…-me dice-
No le respondo, no quiero hablarle ni que me hable, ni él, ni nadie, quiero permanecer encerrada en esta mi soledad, la que me acompaña desde hace mucho tiempo, tanto que no recuerdo cuanto.
-Llevo mucho tiempo buscándole.
-Bueno.
-¿No siente curiosidad?
-No
-¿No quiere saber porqué la busco?
-¿A mí?...¿Porqué?
No le digo nada más y sin esperar su respuesta enciendo un habano que llevo que llevo en mi bolso mientras sigo saboreando mi té, después le miro arrojándole una bocanada de humo que no esquiva, que saborea con deleite. Es el momento mágico que no quiero romper con palabras y menos aún aquellas que me hagan pensar, me basta con vivir el momento en el que se une la luz del amanecer con las tinieblas que se marchan, en el que aquello seres que están dormidos, despiertan y los que están despiertos corren a dormir, es la hora en la que se escuchan los suspiros en los hospitales, los enfermos lo hacen de alivio porque ya se terminó la noche y tienen ante ellos un nuevo día para enfrentarse a su destino.
-¿Qué quieres?...Te advierto que es mentira eso de que la gallina vieja da buen caldo, en algunas ocasiones no sucede…-le respondo sabiendo que lo que el joven pueda estar buscando en mi no es el cuerpo lleno de arrugas.
-Tengo esto…-dice abriendo su mano para mostrarme medio billete.
-Ya…-le respondo al mismo tiempo que llegan a mi los recuerdos, el de una niña criada en el campo y no pienso en este momento nada mas, estoy aquí sentada al sol y ya está.
-Quiero saber la historia que debe a mi padre.
-No tengo nada que decir.
-Tiene una historia que contarme.
Me mira con unos ojos oscuros, profundos, me observa amablemente como saboreo el puro y con indiferencia arrojo la ceniza al suelo, y, mirando como cae, eso si, unas hojas que mueve el viento a su antojo.
-¿Qué te dijo tu padre?
-Me habló de Usted, de su arrolladora personalidad, de que siempre hacía lo que le daba la gana, de su inteligencia y de su belleza, del valor de su palabra y de esas manos que acarician .
No recuerdo nada, en este momento se que estoy sentada en un banco de un parque con vistas al mar, pero solo eso, los árboles comienzan a balancearse y el pensamiento me remite a un viento de levante, me muevo incómoda en el asiento que se ha vuelto duro.
-Me dijo que me hablaría de una historia….de su historia.
No sé que decir, me quedo callada y el joven no parece enfadarse, le veo guapo, las manos descansando entre sus piernas, la mirada franca, su sonrisa que me abraza.
Sigue haciendo viento, el sol calienta mi cuerpo, no veo a nadie a mi alrededor, solo el joven, ningún crío correteando y menos aun a nadie mirando a la anciana con pena, con desprecio, a la vieja que envejece sin resentimiento ni obligaciones.
-No recuerdo nada.
-Por eso, por eso y porque te quiero tienes que venir a casa, abuela…