ESPOT


Autor: SEVILLISTA

Fecha publicación: 17/03/2022

Relato

ESPOT
Como cada año en diciembre, llegaron las vacaciones de Navidad. Esta fecha representaba para mí un evento especial porque era una tradición familiar hacer un viaje con mi abuela, quien elegía anualmente un destino turístico nuevo con el que sorprenderme. En esta ocasión me anunció con voz misteriosa: “Este año viajaremos a la estación de esquí de Espot en Lleida.
Mi primer pensamiento fue imaginarme Espot, como una estación de esquí, bulliciosa, concurrida de público, con largas colas para acceder a los teleféricos. En definitiva, una estampa típica de una estación de esquí. Sin embargo, mi percepción inicial cambiaría sustancial y paulatinamente al ir descubriendo Espot, que puede describirse como un pueblo con encanto, propio de una felicitación navideña. Su peculiar ubicación, escoltada por montañas, permite contemplar un antiguo gusto por las casas de piedra oscura y los tejados de pizarra. Disfrutamos de una sosegada caminata por el pueblo, y antes abandonarlo llamó mi atención la presencia de un vetusto puente medieval, al que llaman el pont de la Torrossa.
Al llegar a la estación de esquí comprendí que nos alojábamos en un lugar privilegiado, un rincón muy especial del Pirineo catalán, con mucho encanto. La emoción que había inundado mis sentidos provocó que cayese rendido en la cama, cual piedra del camino, conciliando inmediatamente el sueño. Al día siguiente mi curiosidad me impulsó a pasear desde temprano, curioseando por las calles de Espot.
Espot es un enclave adecuado y perfecto para practicar el esquí en familia, debido a sus dimensiones y afluencia, sin las aglomeraciones típicas de otras zonas de deportes invernales como, por ejemplo, Baqueira. Tiene un dominio asequible muy protegido por los bosques, con una cantidad de nieve aceptable que permite disfrutar de unas pistas para esquiar fantásticas. Me sentía un ser privilegiado, a los pies del parque Nacional de Aigüestortes, fascinado por la belleza de la naturaleza. Este parque, tiene una extensión que abarca las 4 comarcas catalanas de El Pallars Sobirá, Alta Robagorça , Pallars Jussá y la Vall dÁran.
Embelesado por tanto atractivo, mi mirada se desvió hacia algo que llamó mi atención. Entre unas ramas caídas se encontraba atrapado un quebrantahuesos, bastante desorientado, quizás al haberse golpeado con uno de los pinos negros centenarios de la montaña. No puedo negar que al principio sentí un poco de miedo, ya que se trata de
una de las aves de presa de mayor envergadura de Europa, pues con las alas extendidas alcanza una longitud bastante considerable. Pese al pavor inicial, no me podía marchar dejando atrapado y abandonado al volador. De modo que, lo agarré como puede y nada más se liberó, levantó el vuelo y se perdió en lo alto del cielo.
Tras esta aventura regresé a la estación, donde mi abuela me estaba esperando, anunciándome que tras la jornada de esquí era oportuno visitar el pueblo.
Una vez allí, contemplamos la iglesia parroquial de SantaLlogaia , que data del siglo XII. Además, avistamos una torre medieval conocida como la Torre de los Moros o Torre de Espot, faro insigne con una altura de 14 metros. Mi mirada se detuvo en la cúspide de la torre, quedando sorprendido al divisar a un quebrantahuesos, posado sobre la misma, al que rápidamente reconocí. Era el amigo de la montaña, que coronaba la torre, observando el horizonte y agradecido por la ayuda que le presté.
En definitiva y sin lugar a dudas, han sido unas vacaciones fabulosas, en las que he podido disfrutar de un paisaje incomparable con una belleza única, grata para los sentidos. Por ello quiero recomendar como lugar de destino turístico una estancia en este pueblo pirenaico, flanqueado de grandes lagos naturales, con una riqueza de flora y fauna inigualables. Lo que no puedo asegurar es que otros visitantes tengan la fortuna que yo tuve, de conocer un amigo del bosque tan especial, mi amigo de Espot que permanece siempre en mi corazón: el quebrantahuesos.