ENTRENADOR


Autor: WAKIZASHI

Fecha publicación: 07/03/2022

Relato








ENTRENADOR




Cuando empecé como entrenador de dragones, jamás imaginé que tendría tan exitoso desarrollo profesional. Pero, como dice el dicho, la realidad supera la ficción, incluso la mala. El cambio climático llevaba un siglo haciendo estragos en el mercado laboral, se había llevado por delante decenas de megalópolis, y había traido de nuevo al planeta a especies extintas, en una des-extinción inesperada. El director de la sucursal de mi banco, después de un informe económico minucioso y duras negociaciones, me concedió un pequeño crédito al emprendimiento, y, a través de Wallaclón, compré un viejo dragón, a precio de saldo, a una protectora de animales de Teruel. A los cinco días, el camión con la jaula, subía lentamente el camino a mi finca. Lo acomodé en el establo, y lo dejé descansar del largo viaje.
Al día siguiente comenzamos con la instrucción. El dragón había trabajado toda su vida en espectáculos de varietés de cruceros de lujo, y no estaba acostumbrado a las labores agrícolas. Tenía demasiada retranca, y excesivos trucos de charlatán valenciá. Pero a fuerza de disciplina y duro trabajo; y látigo de púas, cuando era menester, le acomodé su espíritu salvaje y orgulloso, y su terrible corpachón a su nuevo oficio. Le enseñé a quemar rastrojos de forma controlada, y a apagarlos con sus orines. Montado en su cerviz, le hice practicar una y otra vez, hasta que en vuelo rasante, era capaz de arar, con sus poderosas garras, una fanega con cuatro pasadas. Cada vez que acababa una labor, inclinaba el cuello, o hacía media reverencia, sediento de los acostumbrados aplausos, y cuando se me olvidaba aplaudir se ponía de morros, o levantaba el vuelo y se largaba volando a tumbarse en la paja del establo.
- ¿Por qué no aplaudes? -rebufaba.- Antes todo el mundo me adoraba.
Yo me disculpaba para no herir sus sentimientos, delicados como las llamitas de luciérnagas detrás de sus magníficas pupilas.
Afortunadamente, sus berrinches nunca fueron tan grandes como para quemarme el granero con un bufido de llamas. Al fin y al cabo también era su hogar, y allá en el oscuro fondo tenía un corazón bondadoso... Yo lo recompensé con nuevos premios, y le acariciaba las escamas de la cabeza, grandes como hachas, o le lanzaba un pollo asado a las fauces, por cada tarea bien hecha. Ambos descubrimos que el cariño es mejor maestro que el castigo. Se acostumbró a la vida rural, él que había sido un dragón joven cosmopolita y presumido.

Al cabo de un par de meses, cuando ya tenía constancia de todas sus nuevas habilidades y pericias, pusé anuncios en los periódicos de la región. Costó ganarnos la confianza y los encargos de los agricultores, y ganaderos, de la zona, muy cerrados a las nuevas técnicas agropecuarias. Pero se tranquilizaron al ver que no devoraba sus reses de un bocado, y que era el pastor ideal en la época de partos, cuando los cuatreros franceses, y los ladrones rumanos de corderitos, incursionaban las granjas y cortinas. Era un enorme orgullo ver como la sonrisa se dibujaba en sus rostros, y como estallaban en carcajadas, cuando mi añorado dragón les abonaba un campo en unas cuantas pasadas defecando con arte y precisión de bombardeo quirúrgico...

Un día abrí los portones del establo, pero mi dragón no me bañó el cuerpo de saliva con un lametazo burlón. El veterinario dijo que ya nunca más alzaría el vuelo: su fuego y su vida se apagaban sin remedio. Pasé toda la noche apoyado contra su áspero corpachón, oyendo el batir de su gran corazón, apaciguándose lentamente, mientras mi orgulloso dragón, también lentamente, acercaba y enrollaba su larga cola alrededor de mi insignificante cuerpo humano para despedirse en un abrazo final...
Contraté una excavadora, y lo enterré bajo su roble favorito. Después de pagar a los operarios, me fuí a casa cabizbajo. Mientras acababa el desayuno, hojeando el Heraldo de Salamanca me topé con el anuncio de una protectora de animales de Logroño que decía: "Se busca hogar de acogida, y dueños cariñosos, para un viejo dragón de carreras apacible"...



Algorta, 17 Feb 2022