El sueño de Marcos


Autor: SPETIK

Fecha publicación: 18/03/2022

Relato

De repente, sonó el despertador. ¡Era el gran día! Marcos bajó corriendo las escaleras para desayunar y poder coger el avión a Suiza, para participar en los Juegos Olímpicos de invierno.
Habiéndose comido ya su bol de cereales, fue al cuarto de estar para realizar lo último que le quedaba por preparar: sus esquís, casco, ropa térmica y meter las cuchillas. Revisó tener el pasaporte, el carnet de identidad, tarjetas de crédito…
Cuando ya tuvo todo listo, cogió un uber y se dirigió rumbo al aeropuerto.
Cuando subió al avión, se puso los tapones para los oídos y se dispuso a dormir. A la hora, Marcos sintió un golpe en la rodilla. ¡Era la azafata! Ya había llegado a su destino. Muy emocionado bajó del avión y fue a recoger su maleta, pero por más que esperaba y esperaba, su maleta no llegaba. Ya llevaba mucho tiempo buscando su maleta y esta no aparecía. Entonces le preguntó a un empleado. Él le respondió que todas las maletas del viaje de España a Suecia ya habían llegado y sido recogidas por los pasajeros. Marcos se extrañó ¿Por qué la suya no había llegado? Fue a hablar con Javier, el director del aeropuerto y comentarle su situación. Javier llamó al aeropuerto de España y le respondieron que la maleta de Marcos aún no había llegado al avión y se disculparon por ello. Javier se lo contó a Marcos. Marcos no podía estar en peor situación: el material deportivo para competir se encontraba en la maleta, la tarjeta del hotel, dinero… ¿Qué iba a hacer?
Javier le consiguió una habitación en un motel y le dio 600 euros para que pudiera comprarse todo el material de competición. Marcos estaba triste, pero le dio las gracias a Javier por su amabilidad y generosidad.
Salió del aeropuerto y cogió un taxi, fue rumbo al motel “La notre fría”, el sitio donde iba a dormir 1 semana. Abrió su móvil y miró las reseñas del motel, casi todas eran buenas pero las malas decían de todo: “Cuando me duché, había ratas en la bañera”, solo con ver esa dejó de mirar más. A los 10 minutos ya había llegado a su destino. Se bajó del taxi y le dio la gracias al taxista. Entró en el motel; al principio no era tan malo aunque de lujo no era. Subió a su habitación, cogió los 600 euros que le había dado Javier y se fue a comprar el material de competición.
Marcos se fue al centro comercial, al apartado de deportes y compró lo que necesitaba para competir ya que la ropa para salir a la calle solo utilizaría la que tenía puesta. Entró en la tienda “Madame cuchillas” y compró ropa térmica, casco, esquís y cuchillas. Le salió por un precio de 469,99 euros. Fue a la caja y le atendió una señora mayor, con aspecto muy agradable. Le cobró lo debido, mientras entablaron una conversación en la que Marcos le contó su situación y ella le recomendó un supermercado suizo en el que la comida era muy barata, sana y estaba rica.
Cuando ya había comprado la ropa para esquiar se dirigió al supermercado que le recomendó la señora. Empezó a comprar y no se lo podía creer había 30 calles de comida y un montón de ofertas. Compró vasos y tenedores de plástico, lechuga, tomate, patatas naturales y de bolsa, pan, paté mantequilla, plátano, naranja, coliflor, cuencos, cereales y 3 botellas de 4 litros de agua que le salió por 27,99 euros la compra.
Marchó al motel en el que se hospedaba, para descansar después del largo día que había tenido.
Al día siguiente, Marcos se levantó a las siete de la mañana, desayunó su tradicional bol de cereales. De repente, empezó a sonarle el móvil, era su madre que quería ver como estaba, habló con ella un buen rato hasta que su madre le dijo que le deseaba suerte para la prueba de esa tarde de esquí alpino. Marcos se dio cuenta, era verdad, esta tarde tenía una de las 2 pruebas en la que competía, en la que se jugaba 3.000 euros de premio. Se preparó y fue a Zermatt. Calentó y entrenó durante 5 horas hasta que fue el momento de la prueba. Le tocó el primero en la competición. Le salió bastante bien pero se comió algunos conos, los demás tampoco lo hicieron mucho mejor. Cuando fue el momento de decir la clasificación quedó cuarto por lo tanto no recibió ninguna medalla ni dinero. Marcos se disgustó pero no se fue desanimado. Aún le quedaba una prueba más por hacer en la mañana siguiente y se esforzaría al máximo para intentar ganarla. Marcos era muy competitivo pero no era antideportivo, solo quería superarse, por ello se dedicó toda la tarde a entrenar para poder ganar la mañana siguiente, a pesar de que la prueba era más complicada; pero Marcos no se rindió. Marcos hizo todo lo que pudo para que le saliera mejor y él ya estaba orgulloso. Competiría al máximo, en la prueba se jugaría 1.000.000 de euros si quedaba primero.
Volvía a comenzar el día se despertó a las 6 de la mañana para ir rápido a Zermatt y poder calentar. La prueba se celebraría a las 4 de la tarde. Era el momento en el que le tocó competir a Marcos, estaba muy nervioso, pero dejó sus nervios aparte para hacer la mejor prueba posible. Efectivamente hizo la mejor y ganó 1.000.000 de euros más la medalla de oro.
Y esta fue la historia de Marcos, para conseguirla tuvo que superar muchas adversidades, pero lo hizo, hasta alcanzar su sueño.