El principe Isi


Autor: Ciudadano cero

Fecha publicación: 24/01/2022

Relato

El príncipe Isi
En un reino lejano donde los campos secos se alternaban con extensas zonas de regadío, a la vera del rio Escrita, en una loma que parecía ser la panza de un viejo dinosaurio había un pequeño pero bonito castillo. Dentro de una de las cuatro simétricas torres tenía sus aposentos el príncipe Isi.
El príncipe había nacido y crecido en la fortificación y siempre se había sentido orgulloso de ella. Era firme y tenía un pasado glorioso pues había aguantado los envites de cuantos enemigos la habían asediado. Sus torres gemelas eran preciosos miradores al lago San Maurici desde los que se podía contemplar la campiña, vigilar las modestas casas de de los campesinos y las amenazas de los reinos vecinos.
El hijo del soberano de aquellas tierras había cumplido recientemente treinta años y esto le había sumido en una continua melancolía que surgía de la certeza de haber desperdiciado su vida. Isi había contratado a grandes magos y divertidos bufones para que le entretuvieran pero nada había surtido efecto, se pasaba los días pensando en que hubiera pasado si a lo largo de su vida hubiera tomado otro tipo de decisiones. Estaba seguro de que de haberlo hecho ahora sería más poderoso, tendría un castillo más grande y sería más feliz.
Un día que el príncipe andaba cabizbajo oyó hablar de un gran brujo cuya fama se extendía hasta lejanos mundos. Isi mandó llamar a su sirviente de mayor confianza y le ordenó que partiera a buscarlo con prontitud, también le aconsejó no volver en caso de que no regresara con él. Pasaron largos meses hasta que su criado se presentó en la corte con el afamado mago.
Isi le comentó al brujo como a lo largo de su vida había cometido todo tipo de errores al no tomar el camino correcto. Le comentó como estaba convencido de que su actual desgracia era fruto de esas decisiones. El mago le preguntó cuál era el momento de su vida al que deseaba regresar. El príncipe se quedó un rato pensativo y al fin lo tuvo claro, le relato con todo lujo detalles una vez que había rehusado una gran batalla.
El brujo tras vacilar un instante abrió la boca y como quedándose en el aire sus palabras comenzó a hablar.
-Lo que me pides es muy difícil, costoso… y además te servirá de poco –sentenció el sabio.
- Pero, ¿Se puede hacer?
- Le daré la respuesta en unos días, no obstante, si me permite un consejo, disfrute de la vida que le ha tocado.
El hechicero se retiró a su habitación, convino con los criados las horas a las que deseaba comer y estableció que le dejaran las viandas en la puerta y no ser molestado bajo ningún concepto por nada ni por nadie. Al cuarto día salió de su morada y se reunió con el príncipe. Le anunció que había resuelto su petición y le entregó una pócima que debía tomar todos los días antes de acostarse. Isi muy contento ordenó encerrar al mago hasta que se demostrara la eficacia de su medicina, también dispuso que si esta surtiera efecto no se escatimara en recompensas para el sabio anciano.
Cada día el príncipe se tomaba su pócima y se dormía deseando que se cumplieran sus deseos. Pasaron primero días, luego semanas y nada cambiaba. Malhumorado el príncipe comenzó a considerar que hacer con el brujo ante la evidencia de haber sido engañado. Aún así Isi cada noche continuaba tomándose aquel brebaje.
Una tórrida noche de agosto en que no podía dormir y daba vueltas en la cama sin parar y su pelo empapaba la almohada se levantó y abrió la ventana. Una tenue brisa, cargada y caliente le abofeteó el rostro. Mirando al vacio pensó en lo desgraciado que era “…y si hace seis años no hubiera sido un cobarde y hubiera plantado batalla, hoy sería dueño de varios castillos y mis tierras no tendrían fin” murmuró entre dientes. Una vuelta y otra más, al fin se quedo dormido.
Al día siguiente se despertó con energías renovadas, es más no estaba en su cama si no enfundado en una preciosa armadura que relucía como un espejo. No cabía duda el mago no era un embaucador y su remedio al fin había surtido efecto.
“No” contestó arrogante a su enemigo, “no hay acuerdo posible”. Después tuvo lugar una sangrienta lucha en la que el príncipe Isi fue claro vencedor aplastando a su contrincante. Isi consiguió cuantas tierras estuvieron a su alcance, también numerosos castillos y siervos, además la fama de ser el príncipe más temido y poderoso de los reinos que le circundaban.
Isi durante algún tiempo gozó de una inmensa felicidad, pero poco a poco esta se fue apagando y lo volvió a achacar a las decisiones desafortunadas que había tomado. Cuando otra vez estaba a punto de cumplir treinta años por su cabeza no rondaba más que la idea de no haber disfrutado de su juventud siempre ocupado en solucionar los problemas del reino. Nuevamente volvió a llamar al mago, nuevamente volvió a tomar su pócima y nuevamente el amanecer de una noche de verano le volvió a regalar quince años menos. Quince años que dedicó a conquistar mujeres y a beberse la vida.
Otra vez volvió a cumplir treinta años y le invadió la misma desazón, sintió su vida vacía. Ahora su desasosiego lo achacó a que cuatro años antes se había enfadado con su madre. Nuevamente una noche de estío se durmió deseoso de solucionar el problema y nuevamente la mañana siguiente le deparó la agradable sorpresa de despertarse a tiempo de evitar la discusión. No hubo tampoco suerte a los pocos meses una nimia riña volvió a separarlos para siempre. Esta vez llegada la calurosa noche de agosto culpó de su mala fortuna a haber conocido a su mujer, sin duda alguna fuente de todas sus desgracias. Pero su sorpresa siempre era la misma, llegados los días cercanos a su treinta cumpleaños su situación no cambiaba, ni mejoraba ni empeoraba.
Un caluroso día de verano desde su ventana contempló embelesado el vuelo solitario y libre de un quebrantahuesos que le invitaba a salir tras semanas encerrado en aquel castillo. Decidió no ponerse sus lujosas ropas pues deseaba pasar desapercibido. Ensilló uno de sus caballos más veteranos ya que pensaba cabalgar al trote. Por primera vez en mucho tiempo se fijó en el amarillo de los campos, en los preciosos árboles centenarios que rodeaban la fortificación y en un cielo azul limpió como un lienzo por pintar. Dirigió su corcel hacia el rio donde la belleza se multiplicaba. El sol abrasador dejaba paso a una sombra acogedora. En el agua un enjambre de niños jugaba y reía sin más posesiones que su imaginación, junto a ellos, bellas campesinas lavaban la ropa en agradable conversación. La gente miraba curiosa su presencia sin que nadie adivinara su identidad. Con el corazón alegre después de mucho tiempo se dirigió a la taberna y bebió una frasca de vino peleón disfrutando del sol en su cara.
Cuando llegó al castillo mando llamar al brujo y le dijo que podía partir cuando quisiera, que nadie le retenía pues ya no lo necesitaba. Vistos los resultados no deseaba arreglar su pasado si no que anhelaba disfrutar de su futuro. El mago con una ligera sonrisa y una leve inclinación que indicaba respeto pero no miedo con seguridad le contestó: “Usted me pidió recuperar su pasado, no alargar su vida, para eso yo no tengo pócima alguna”. Isi sorprendido y sin entender lo que el anciano le quería decir se despidió apresuradamente y le recompensó espléndidamente por sus servicios. Aquella noche el príncipe se fue a la cama feliz pensando en lo que haría al día siguiente, rápidamente se durmió profundamente hasta que entre sueños una voz le sobresaltó para comunicarle entre susurros que ya había consumido todo su tiempo.