El otro Nunca Jamás


Autor: AFM

Fecha publicación: 03/03/2022

Relato

Recuerdo que nací junto a los Pirineos, en una pequeña y mugrienta habitación al mismo tiempo que mis cinco hermanos. Cuando mi madre nos vio lo primero que hizo fue regalarnos una gran sonrisa de bienvenida. A parte de mi madre y mis hermanos, en la sala también había un hombre y una chica.
El hombre era bastante mayor, parecía cansado, con grandes ojeras y arrugas que le cubrían toda la cara, tenía un aspecto intimidante, pero al igual que mi madre, también se alegró mucho de vernos. La chica que estaba a su lado se llamaba Emma, era muy guapa y su rostro desprendía bondad, parecía simpática, es más, ella fue la primera en cogerme y decirme que yo era especial. Supongo que me lo diría por la extraña marca de nacimiento que tenía en mi ojo derecho, me gustaba, me diferenciaba de mis hermanos además de hacerme parecer un feroz pirata, y me hacía sentir el líder del grupo.
Pasaron algunas semanas y no me dejaban salir de la habitación, ni a mí, ni a mi familia. Las veces que se abría la puerta, únicamente era para dejarnos algo de comida como si fuéramos unos salvajes. Mis hermanos y yo cada día estábamos más enfadados, nos aburría aquella sala, habíamos explorado esa habitación millones de veces en busca de algo nuevo o de alguna puerta secreta, pero no nos parecía nada interesante… ¡Queríamos salir afuera a ver el mundo, a ver Espot! Pero mi madre nos decía continuamente que no podíamos salir porque era peligroso, y todavía éramos muy pequeños para entenderlo. Como nos sacaba de quicio… siempre repetía lo mismo, “todavía sois unos críos...”, parecía que no le importaba que sus seis hijos se aburriesen constantemente ¿Qué le costaba darnos permiso para salir de vez en cuando al valle, o al rio Escrita, o a la estación de esquí, o al lago San Maurici? No… era mucho mejor quedarse toda la eternidad encerrada haciendo caso omiso a sus hijos.
Aun así… había algo que nos mantenía con vida, un único motivo por el que deseábamos que se escondiera el sol lo más rápido posible cada día. Todas las noches, cuando el cielo oscurecía y todo se quedaba en silencio salvo por el grito de un urogallo, Emma, la chica que me dijo que yo era especial, venia y mis hermanos la rodeaban entusiasmados, yo me acurrucaba junto a ella, y empezaba la magia. Emma era increíble, igual que las historias que cada noche sin falta alguna nos recitaba, historias que nos dejaban boquiabiertos, desde mundos en madrigueras donde los animales hablaban, hasta niños que encuentran casas de chocolate en mitad del bosque. Esas historias eran las únicas ilusiones que teníamos, eran nuestra única felicidad, gracias a ellas, mis hermanos y yo podíamos imaginar que formábamos parte de una de aquellas inimaginables historias.
Aquella noche, Emma nos explicó una nueva historia, que sin duda, se quedó grabada en mi mente, y se convirtió en mi favorita de por vida. La historia hablaba de unos hermanos que una noche fueron visitados por un extraño niño que se los lleva a Nunca Jamás, un mundo donde jamás podrán crecer, y en este mundo mágico se meten en problemas por culpa del Capitán Garfio y viven muchas aventuras, pero los niños, echan de menos a sus padres, y terminan volviendo con su familia. Era mi historia favorita, pero… ¿Qué niño en su sano juicio querría volver con sus padres estando en un lugar así?
No fui el único al que le pareció impresionante aquella historia, ya que, a mis hermanos también les encanto, y esto hizo que nuestra curiosidad de querer salir de aquella horrible habitación, aumentara por segundos. Peter Pan era nuestra única esperanza para sacarnos de allí, desde aquel día no volvimos a cerrar los ojos, hacíamos turnos para ello, temíamos que si todos nos quedábamos dormidos, Peter Pan pasaría de largo nuestra casa y recogería a otros niños en vez de a nosotros, y eso no iba a pasar estando yo al mando…
La primera noche que me tocó hacer guardia, escuché una discusión entre Emma y sus padres, decían a Emma una y otra vez que tenían que venderlos porque no les quedaba más dinero. Desperté a mis hermanos, ninguno de nosotros comprendíamos nada de lo que decían, no sabíamos que era aquello tan misterioso que querían vender, en cuanto a nuestra madre, estaba roncando fuertemente como siempre y no se enteró de nada. La discusión continuaba sin solución y la respuesta de Emma siempre era negativa y parecía muy disgustada. Pasaron algunos minutos, y sin previo aviso, la puerta de nuestra habitación se abrió dando un sonoro golpe, mi madre levanto la mirada y siguió durmiendo. Era Emma quien yacía junto a la puerta, llevaba puesta una bata estrellada color noche, sus ojos le brillaban como nunca, estaban abarrotados de gruesas lágrimas, nos gritó que saliéramos corriendo todo lo rápido que pudiéramos, y eso hicieron mis hermanos, estaban muy asustados a causa del sobresalto, no se lo pensaron ni un segundo, salieron disparados como balas. En cambio, yo me quede paralizado mirando a Emma mientras lloraba sin saber cómo consolarla, no me iba a ir de allí, si me iba tenía que ser con ella.
- ¿¡Que haces ahí parado inútil!? ¡Vamos corre de una maldita vez! - Nunca en mi vida había visto a Emma de aquella forma, y menos aún me habría imaginado que alguna vez me diría algo así… Estaba tan histérica… Me dio tanto miedo que salí corriendo casi por inercia, al traspasar la puerta que tanto ansiaba cruzar escuche un golpe seco, gire la cabeza, Emma se había tirado al suelo de rodillas y se cubría la cara mientras se deshacía en lágrimas, no quería irme, no iba a dejar a Emma así… pero sus padres aparecieron, y empecé a correr con todas mis fuerzas en busca de mis hermanos.
Crucé otra puerta y vi a mis hermanos a lo lejos corriendo, como motas de polvo movidas por el viento en el gran paisaje que nunca habíamos llegado a ver, se estaban adentrando en la inmensa y misteriosa oscuridad que jamás habíamos explorado. Mientras tanto, los llantos de Emma y la voz de sus padres gritando las peores palabras que había escuchado en mi vida, disminuían por momentos.
Tras una larga carrera conseguí alcanzar a mis hermanos que estaban haciendo un descanso al lado de algo que supusimos que era una carretera, por las historias que nos contó Emma. Hicimos recuento, estábamos los seis hermanos, menos mamá, así que nos quedamos esperando a que viniera, aunque no teníamos demasiada esperanza ya que a mamá se le daba muy mal correr, y a saber si aún seguía roncando… Aun así, tampoco nos importaba mucho si mama no aparecía, le teníamos más aprecio a Emma que a nuestra propia madre, pero la esperamos un par de minutos por si las moscas. Utilizamos ese rato en pensar en cómo hacer para llegar a Nunca Jamás, pero no podíamos, para volar hasta la segunda estrella necesitábamos polvo de hadas, y no sabíamos dónde encontrar un hada, así que esperaríamos a mamá para preguntarle si ella sabe donde residen las hadas.
Me parecía un buen plan, nada podía salir mal, ya habíamos escapado de aquella horrible habitación, seguro que no había nada peor, el exterior era muy bonito, pero oscuro, grandioso y solitario. De repente, se escuchó un fuerte ruido, como el de los cañones del barco de Garfio al explotar, y vimos como algo se acercaba por la carretera, eran dos estrellas que volaban rápidamente hacia nosotros, nos quedamos observándolas hipnotizados, se escuchó otro cañón, y las dos estrellas se quedaron flotando frente a nosotros. Algo nos cogió a todos de la nada, y nos encerró en otra habitación, pero, a diferencia de la otra, esta, se tambaleaba de lado a lado y de vez en cuando hacía que mis hermanos y yo nos cayéramos dándonos fuertes golpes en la cabeza hasta perder la conciencia. No estaba en lo cierto, si que había algo peor que nuestra antigua habitación…
La pequeña habitación frenó en seco y abrí los ojos, nos volvieron a coger, esta vez nos dimos cuenta de que era un hombre quien lo hizo, una gran bola de fuego empezaba a salir del horizonte y el cielo estaba iluminándose en un tono anaranjado. A continuación, nos metieron en una sala muchísimo más grande que las dos anteriores, pero todo estaba abarrotado, tan lleno como el metro de Manhattan en hora punta, todo el mundo se chocaban entre si, estaban haciendo cola para algo que esperaban ansiosos, pero que mis hermanos y yo, no teníamos ni idea. Sin embargo, el sonido era horrible, se escuchaban gritos de dolor, de terror y de tristeza al mismo tiempo que se oía el choque de espadas, igual que el final de la historia de Emma, cuando Peter se enfrenta contra Garfio en el barco pirata. Y el olor… era muy extraño y molesto.
¡Mis hermanos y yo éramos tan afortunados al estar en Nunca Jamás! Es mas, muy pronto, cuando consiguiéramos pasar la cola, y estar en primera fila ¡Podríamos ver luchar a Peter y a Garfio! Emma lo tenia todo planeado, esta vez nosotros éramos los protagonistas de su fabula, e iba a ser la mejor historia del mundo.
Ya casi nos tocaba, estábamos apenas a unos metros de nuestro héroe y villano favorito, todos saltábamos de ilusión, pero… justamente cuando ya pudimos ver algo desde la primera fila, comprendimos que aquello no era Nunca Jamás...
Había cadáveres por todas partes, todo el suelo estaba encharcado por la brillante sangre, aquello era una matanza. El siguiente turno era para uno de mis hermanos, le grité a Garfio por todo lo alto que no lo hiciera, y empecé a saltar, pero yo no era nadie para él. Cogió la espada y de un limpio trazo le corto la cabeza, la sangre empezó a salir del cuerpo decapitado de mi hermano pequeño y unas cuantas gotas salpicaron en mi hocico. Mientras sus patas temblaban y dejaban de moverse, mis pezuñas se pintaron de rojo.
Ese fue el momento en que me di cuenta de que no era una persona normal, es mas, no era ni humano, ni yo, ni mis hermanos, ni mi madre. La habitación donde vivía solamente era un establo de una miserable granja, y lo peor de todo es que había conducido a mis hermanos hasta la misma muerte, a un matadero de cerdos, y todo con el fin de querer ir a Nunca Jamás.
Le mordí la mano a Garfio con todas mis fuerzas, soltó la espada, pero yo no lo solté hasta arrancarle la extremidad, rápidamente la sangre empezó a brotarle hasta unirse en el suelo con la de mi hermano, vociferaba de dolor.
- ¡Peter saca a este asqueroso cerdo de aquí, se merece algo peor que la muerte! - Dijo Garfio con toda la rabia del mundo. Peter se acercó y me cogió, salimos fuera.
- Corre pequeño, si el Capitán te pilla lo que te hará será peor que lo que le ha hecho a tu hermano. - Dicho esto, Peter me dejo en el suelo mientras temblaba aterrorizado y se volvió a meter en aquel infierno.
El cielo ya no estaba anaranjado, ahora estaba teñido del color de la sangre de mis hermanos. Nunca jamás volví a verlos, ni siquiera a mi madre, solamente a Emma, que gracias a dios, fue la única que me quería como si fuera uno más de la familia, aunque fuese un vulgar cerdito.
Ella, me enseño que a veces, los animales son más humanos que las personas, y que, en todos los mundos, siempre habrá un Peter Pan y un Capitán Garfio.