El grillo pirineo


Autor: Louisa Ríos

Fecha publicación: 14/03/2022

Relato

El grillo pirineo.

El grillo pirineo canta, prestemos mucha atención.
En las calurosas noches de verano, el espíritu del grillo permanece cantando, cuidando cariñosamente a las montañas.
Historias milenarias de grillos que habitan en las montañas majestuosas, de la cordillera de Los Pirineos. Con sus patas livianas aferradas a la poderosa Madre Tierra, echando raíces.
Cuando amanece en las montañas, comienzan a vislumbrarse los colores de los árboles y las infinitas formas de las hojas recortadas contra el cielo azul.
Todos los pinos erguidos, montan guardia, cuidan a las montañas y cuidan al grillo refugiado en las agujas de los pinos que cubren el suelo, alfombra quebradiza de siglos.
Y en las mañanas, con la luz rosada, el trino de un millar de pájaros al despertar, se une al de los grillos cantores, quienes ya se irán a dormir, al abrigo de remolinos de helechos. Helechos que derraman sus colores verdes intensos, en los senderos estrechos de los Pirineos.
Montañas con caminitos de grava, donde los caminantes tienen como compañía la música de fieles grillos, orquesta en la verde hierba.
Los Pirineos protegen con amoroso cuidado al grillo, para que habite tranquilamente en las montañas. Lo protegen con prudencia, le dan cobijo en un hogar perenne.

Con su elegante estampa y traje verde u oscuro de salón, el grillo engalana a las montañas tranquilas, bellas y limpias. El grillo vive cantando, alto y fuerte, acompasando la vida del aire diáfano.
Mueve sus alas y canta, y cuando lo ilumina el rayo de la luna, canta con más felicidad, como si realmente nada pudiera hacerle daño.
Si un día el grillo se quedara en silencio, entonces el silencio sería profundo, de la Madre Tierra, rodarían desde las cumbres lagrimones fríos y callados, hasta caer despacio en el mar salado.
Si el grillo dejara de cantar, las montañas se quedarían mudas, conmovidas y tristes. La tierra giraría melancólica, absorta en tanto daño causado a su belleza. Impotente y muda.
Como si los crueles humanos hubieran aplastado el brillo del amanecer, con puños embarrados, sofocando el alegre canto del grillo.
Silencio intenso. Silencio abierto y vacío como una boca triste y sin dientes.
Y ese día, la Madre Tierra, nos dirá basta, sin pronunciar palabras, nos dirá que se enojó del todo con tantos humanos sin piedad.
Querida Tierra desamparada, sigue hablando a través del lenguaje del grillo, que canta para ti, con tanta emoción.
No callen a la Madre Tierra, no sepulten al grillo de la suerte.
Los grillos nos devuelven los sueños de la niñez, si cerramos los ojos y escuchamos su empecinado “cri-cri”, nuestros corazones volverán a palpitar alegres.
Llegará el día de amor, en el cual los humanos aprenderemos por fin a admirarte querida Madre Tierra, y a permitir que vivan en paz de todos tus indefensos hijos, maravillosas criaturas. El día en el cual habrá un compromiso de respetar la vida de los sagrados grillos.
Ese día de amor, la montaña se sumirá en su torbellino de actividad frenética. La hierba se empapará de rocío, y el grillo seguirá expresándose y saltando libre como el viento, entre la hojarasca. Cantará más alto que nunca, como un arroyo de primavera.
Cuando el agua de la montaña caiga, el aire se impregnará de frescor, y flotará el aroma a tierra mojada después de tanta tormenta.
Nunca es tarde para que se pueda remediar la destrucción.
Grillo de la suerte, consejero sano y bueno; eres un tesoro de la generosa tierra, tierra que nos regala los alimentos.
Queremos oírte cantar con todas tus fuerzas en las noches, porque tu canto nos arrulla desde niños.
Espera, porque pronto la hierba estará más alta y más tupida. Para que tu colorido hogar esté más protegido.
En el maravilloso derroche de color de los tréboles, los ranúnculos amarillos y las buenas margaritas, relucen pinceladas rojo intensas de las amapolas.
Flores, grillos, emblemas de la esperanza de un mundo mejor.

Grillo desafiante, sigue con tus fuertes patas hundidas en las agujas de pinos, en la hierba que crece, en los helechos o inmersas en las flores, grillo incansable, persevera cantando firme desde las entrañas de las montañas, mientras elevas tu mirada a la luna.
El grillo y la luna, una noche cantarán a dúo, unirán sus voces en los Pirineos, con una canción jubilosa dedicada a la tierra.
El sonido reverberará hacia el cielo.
Las montañas y el grillo, están entrelazados entre sí, no los podrán vencer ni acallar.

FIN.