Del lado del corazón que no se sabe y otras cosas no dichas


Autor: Margot Tenenbaum

Fecha publicación: 06/01/2022

Relato

Del lado del corazón que no se sabe y otras cosas no dichas
Seudónimo: Margot Tenenbaum

Escríbelo
para que no perezca.
Cristina Peri Rossi: In memoriam

Me hubiera gustado decirle que llegué demasiado temprano pero al rato me arrepentí y busqué retrasarme a propósito darle una vuelta al barrio aparecer impuntual porque sentí pena de mi urgencia inoportuna me hubiera gustado no mentir y contarle la ansiedad de hallarlo hallarnos después de años y años pero cómo explicarle que espié para verlo y lo observé desde una esquina cuando se acercó con su bolsa al hombro porque él también venía de un viaje aunque mucho más corto que el mío y lo reconocí enseguida y hasta me saltó algo dentro y después esperé unos minutos mientras pretendía engañarme a mí misma me hubiera gustado decirle que debí controlar mi alegría y la torpeza y recordar que ya no soy una adolescente con los deseos de correr al encuentro porque qué iba a pensar de mí y también ya aventuraba cómo me esperaría allí en una mesa de la Mansión Ezeiza pues así habíamos quedado casi una promesa nos vamos a encontrar sí a las cuatro no mejor a las cuatro y veinte porque la hora debía tener un significado pretendemos darle un sentido a todo y esa era la hora en la que salían los niños de la escuela cuando éramos niños del otro lado del mundo más al norte la hora de las citas para pelear o un beso me hubiera encantado decirle que me gustó vistiera esa enguatada y por alguna razón lo imaginé de tal modo con anterioridad pero habría debido admitir entonces que lo había imaginado o que esperé verlo llegar después de nuestras conversaciones muchas y mensajes a cualquier hora para extraer las sonrisas matarnos el tiempo extraña felicidad unos minutos de vez en vez una canción pero eso solo habría traído confusión o incluso quizá podíamos alcanzar a sentirnos incómodos si yo confesaba justo nosotros que siempre habíamos estado tan cómodos el uno con el otro que nos habíamos dicho tanto además de esos los viejos sinsabores y dolencias que nos entendíamos porque los dos estuvimos sin esperanzas un buen tiempo aunque todo el mundo anda roto pero nosotros al menos con deseos de mucho y de vagar él más que yo pero yo también deseos de abrir una puerta estar en cualquier lugar para mirar el cielo y aspirar el aire llenar los pulmones de aire si bien preferí callar y pararme frente a él ya sentado a mi espera y decirle Tú casi preguntar simular la duda o como si no estuviese segura de que él era él yo fingía para entonces y lo dije con mi voz más meditada sin emoción mi voz de mentir o pretender que no importaba Tú me habría gustado abrazarlo con la misma fuerza que él me abrazó y la calidez que me estaba quemando dentro sin embargo me dio miedo por eso me retraje de modo que el abrazo duró menos de lo previsto hubiese querido mirarlo a los ojos y que me viera pero qué iba a pasar si alcanzaba a verme.

Hubiera querido decirle a ella que la pensé que llevaba días de ese modo si bien mientras más la pensaba menos sabía qué decir ni cómo quizá era que ya me empezaba a arrepentir aunque propuse incluso ese lugar porque se parecía a otros de nuestra infancia del otro lado y así había de resultar ese momento de volver a vernos después del tiempo como si estuviésemos allá en un patio interior rodeado de otros muros de puntal alto distintos muros pero a la vez los mismos porque fue después verla y la alegría de verla tras el temor de que no fuese el encuentro porque llegó tarde unos quince minutos y yo empezaba a preocuparme y debí todavía ocultar la alegría preguntarme incluso el por qué de la alegría si no estaba seguro y conseguir que el abrazo durara lo imprescindible casi se me fue eso del elogio ella tenía el pelo muy corto como un chico parezco un muchacho me dijo y yo hubiera deseado explicarle que era imposible pero solo alcancé a sonreír de vuelta a mirarla hubiera querido mirarla a los ojos merecíamos a lo mejor mirarnos a los ojos hubiera querido sujetar su rostro con mi mano y hacer que me mirase no sé paladear su nombre despacio como lo había repetido casi sin darme cuenta en momentos de soledad y retomar las conversaciones pendientes hubiese querido hablarle tener el valor de indicarle el único plan posible o uno posible e invitarla a escapar a correr allá a cualquier parte y cazar olas también de las que tanto habláramos para que luego pudiese escribirlas quizá si quería pues ella lo escribía todo y no ocultar mi euforia por estar a esa hora los dos juntos sin embargo preferí callar y la vi callar a ella también y sonreírme con su sonrisa de alzar más el labio del lado derecho que enseguida noté y daba deseos de algo y entonces de repente me preguntó qué como si esperara eso y luego repitió qué y me pareció la recorría una sombra.

Él pidió para mí un licuado que me sirvieron en un vaso largo con una rodaja diminuta de plátano y una fresa como adornos sujetos a una larga rama de canela extraña forma de presentar lo cotidiano e insistió tienes que probarlo sabe igual en una frase abierta e inconclusa de puntos suspensivos era de mango y yo hubiera querido decirle que le entendía la nostalgia tras ese sabor y que tal resultaba justo mi miedo convertimos en otra nostalgia tanto si sí como si no pero más si no porque uno añora siempre aquello que no fue y entonces al encontrarme de frente con sus ojos la transparencia de sus ojos bajé la vista me dispuse a observar la cuadrícula de ajedrez del piso y luego la rotura de las paredes tan familiar tan de allá en nuestra isla hubiera deseado invitarlo a quedarse a irnos por ahí sin ruta ni saber y averiguarlo luego o simplemente vivir y pensé en un cuento que pudo ser de Hemingway que Hemingway no habría escrito sin embargo ni ningún otro autor donde una pareja se encontraba en un lugar del mundo o un café cualquiera por supuesto sin decirse nada dónde lo no dicho lo no dicho y el iceberg el bendito iceberg con sus tres cuartas partes bajo el agua si solo hubiese podido estar segura o entrever una señal leer su mente y no tener que tragarme aquel licuado con mi nudo y todavía susurrar que me gustaba el licuado me gustaba al sentir sus dedos porque claro se me hizo un bigote de espuma de fruta sobre el labio y hubiera deseado retener su mano pero se me hacía imposible hablarle qué será lo imprescindible esa otra cosa en un poema que no era aquel bar y si al menos hubiésemos podido hacer el amor con la mirada a eso quizá se refería aquel poema a un hacerse el amor sin necesitar explicarse ni entender.

Y yo la vi y me pareció que sí pero volví a dudar hubiese querido expresarle mi deseo que no cesara de hablar y tal vez el licuado no había sido buena idea porque ella en el fondo necesitaba algo que la calentara por dentro o la hiciera sentir habitada y no estaba loca como solía repetir por tener semejante anhelo a flor de piel aunque el licuado me había parecido buena opción semejante a un recuerdo pero al final uno necesitaba huir sin saber cómo huir y encontrarse incluso en otro cuerpo en el cuerpo del otro hubiese querido detenerme en el gesto que sujetara mi mano acariciar sus labios y no es que yo creyera ya ni ella tampoco pero vivir eso tal vez era lo justo y debimos pero con los años uno empieza de pronto a medir las consecuencias a frenar los saltos y supe que se nos pasaría el tiempo sin que yo tuviese certezas tuviésemos y la duda detuviera las horas en ese lugar al colocarnos frente a frente para que no pudiéramos decirnos nada si bien todavía imaginaba la posibilidad el como si y que ella lo pidiese en el último momento y yo dijera vamos o que justo al marcharnos yo hacia la izquierda ella a la derecha fuera posible mirar atrás y entonces sí vernos.

Y yo hubiese querido soltar el nudo nosotros que tanto habíamos hablado y sin embargo era más fácil sin estar frente a frente cuando eran otros aquellos que teníamos enfrente y era más fácil sobre todo que estar ahí y conversar de repente como dos extraños del clima y yo odiarme por hablar del clima del frío en esa ciudad que se me hacía extraña a ratos aunque la conocía de antes por culpa de Oliverio y de Cortázar la literatura siempre mi trasfondo y tuve miedo cuando mi conversación se hizo más desesperada y mencioné que él había hecho ese viaje del lado oscuro del corazón al cruzar al río para vernos y rogaba que hablase que dijese por fin algo lo que fuera pues me sentía perdida en un sótano en la visión del Aleph o en un hospicio para locos porque estaba también eso en una ciudad así mirar al sudeste o jugar a la rayuela el pon en nuestra tierra jugo de mango y no licuado que raro lo de la lengua la rayuela tantas cosas y sin saber qué hacer si al menos hubiera logrado sacarme todo aquello que era verdad y no ese andar por las ramas en que me hundía cuando uno calla lo que importa es así pero ya se nos acababan los minutos y no volveríamos a saber ni avizoré cómo volver a hablar en lo adelante era la hora de irnos la hora de partir y hubiese querido decir decirle tanto y no que fuese ya pagar la cuenta porque que siempre nos pasan factura tú y yo y uno paga y se va y no vuelve y esa única vez en que quizá debimos se hace polvo.

Hubiese querido decirle que ella decir que ella o pensar que al despedirnos avanzaríamos solo unos metros para mirar atrás y quizá entonces regresar y el abrazo y no tener que hablar pues las palabras son tan poco hubiese querido explicarle y escucharla quizá ella también buscó decir ese algo más y lo supo ocultar siempre logró jugar con la palabra historias y fue ya pagar la cuenta decir adiós eso sí decir adiós tan simple.