Carta a Manoli y mi viaje a Espot


Autor: Celeste

Fecha publicación: 21/02/2022

Relato

Carta a Manoli y mi viaje a Espot

Quizás te sorprendas o tal vez te tomes un tiempo para leer estas líneas. Entenderé si luego quieres o no contestarme. Ya que no puedo realizar viajes, por las restricciones sanitarias actuales, tuve la idea de contactarme mediante esta carta. Esta carta es para ti, a quien no conozco, pero me pareció una idea estupenda de conocer personas.
Déjame contarte un poco quien soy, que actividades practico, entre otras cosas me presento mi nombre es Andrea. Así es como decidí escribir y enviar por correo postal esta carta, a un pueblo que no conocía con la certeza de que a alguien llegaría. Busque el código postal, una calle, una dirección, una persona en la guía telefónica, deslizando por ella mi dedo índice. Y así, pasado un corto tiempo que tanto esperé con ansias, llegó por fin su carta ¡qué emoción sentí! pensaba que reflejará sus palabras. El corazón me latía tan fuerte que fui por una taza de café rápidamente a la cocina, luego me senté en el sofá, ya con el sobre entre mis manos leí con cada detalle atentamente cada dulzura que me transmitía. - ¡Hola Andrea, he recibido esta carta, no sabes lo feliz que me hace recibir este regalo escrito! -. Me presento soy Manoli oriunda del pueblo de Espot, a mis 65 años tengo tanto para decirte, tantas historias que contarte y muchos sitios que mostrarte, en esta hermosa tierra que me vio nacer. -No sabes lo ansiosa que estoy por conocerte Andrea-... Manoli me transmitió tanta dulzura. Cada palabra, cada frase me transportaba hasta ahí. Comencé a imaginarme los paseos para observar y adentrarme a los secretos que acunan sus ríos y montañas. Al pie de la carta de Manoli, estaba su número de teléfono, pasó casi dos semanas para decidir llamarle. - ¡Qué alegría! - respondió Manoli.-Que bueno conocerte y poder verte por esta pantallita- exclamó. Supe en ese momento qué gran tesoro guardaba su cabellera platinada por el tiempo, me hacía recordar a la nieve del Pirineo, su piel tersa como el valle, sus gestos, su voz, sus manos, toda su vida transcurre ahí. Me propuse lo más pronto posible visitar Espot, Ella no demoro muncho tiempo en invitarme oficialmente. ¿Cómo será?, ¿qué vere?, ¿qué paseos haremos Manoli y yo? Es fascinante pensar en su bondad y hospitalidad de esta mujer. Así que armé mi maleta con lo imprescindible y me fui a la aventura del encuentro. Al llegar allí, mis ojos no paraban de desnudar tanta belleza, a medida que avanzaba el coche conducido por Pedro, el taxista del pueblo. Su amabilidad fue instantánea. Tuvimos pequeñas charlas de camino, sentí su encanto, en cada palabra sus costumbres, las anécdotas de los personajes, sus nombres, descripción física, fiestas de las personas que viven aquí. Me reí mucho con él y sentí el calor humano e innato entre sus paisanos.
A lo lejos divisé a Manoli, allí me esperaba reposando sus brazos cruzados sobre aquel mirador. Me despedí de Pedro, agradeciéndole su tiempo. - ¡Aquí tienes todo lo que precisas y más, disfruta tu estancia, y ya me dirás, todo aquí también es tuyo así que bienvenida y siéntete como en tú casa! - respondió amablemente alzando su mano, en un gesto cómplice saludó a Manoli y silbando bajito, se fue alejando.
Me sonreí con ella, la miré con alegría y me fundí en un abrazo sincero. Tenía un andar gracioso, como si al caminar diera saltitos pequeños y rítmicos. Sus caderas anchas cubiertas por una larga falda azul, unas botas cortas de montaña marca Quechua, observé esbozando una sonrisa pícara.
Apenas llegamos a la casa, me preparo un café, el reloj marcaba las diez de la mañana, contemple fotos viejas testigos eternos del pasado, pero presentes en este año 2021. Tuvimos muchas charlas, nos contamos anécdotas, reímos y también añoramos personas. Le describí un poco mi ciudad natal, mi pais, familia, costumbres, el “mate”, bebida típica de mi querido Uruguay.
-Yo soy de ciudad, aquí en Cataluña, del asfalto y del campo, del verde y del gris. Una mezcla y un contraste que llevo sintiendo unos ocho años, añoro mi tierra, pero soy feliz aquí. - España es como esa madre que te abraza y te hace sentir seguro y amado-, así le expresé a Manoli y me sentí relajada. - ¡Bueno, venga ya!, ¡arriba Andrea que estás aquí conmigo, termina esas galletas y cámbiate de ropas que te llevare a mi lugar favorito, de seguro cuando lo veas, te vas a enamorar! -. Seguí con mi último sorbo de café, mientras ella pasaba su mano deslizándola por mis cabellos rizados. - ¡Venga! estoy lista, -exclamé con fuerzas, Manoli sonríe. Nos dirigimos hacia la puerta de su casa, esquivando los pasitos de su gato Xavi, un barcino peludo que mimosea entre mis botas, también se sumó acompañándome a esta aventura de media mañana. Emprendemos la caminata por rinconcitos estrechos, por casitas y caminos pintorescos, subimos y bajamos. Se respira el aire limpio de montaña, me regala gratitud y pureza, los lugareños se cruzan camino abajo, realizando sus caminatas diarias, algunos hacen senderismo, otros van a la Estación de esquí Otros se ilusionan con la Escuela Base para iniciarse en Snowboard y Esqui ,donde los niños

y adolescentes explotan su potencial, otros prefieren pasar el día en el Parque Nacional,
actividades variadas y entretenidas para enamorarse y repetir año tras año de las cuales, ya he reservado para mis futuras vacaciones. Absoluta paz y frescura, todo conjugado entre naturaleza, personas y arquitectura imponente me muestra Espot. -Falta poco, falta poco, ¡mira Andrea! -. - ¿Lo ves? - dime, - ¿qué te parece? -, toca, toca... pon tu mano en el pelaje-. Una pequeña oveja se acerca curiosa, las demás nos observan pasar y se acercan tiernamente. Impone su presencia, la Montaña con su manto blanco, colosal, parece observarme. Manoli me revela así, sin más, su lugar favorito, su belleza me enmudece, me envuelve, no pretendo sacar mi cámara de fotos, solo sentir este momento y en carne propia, contemplo en silencio. ¿Qué misterios guardará? El susurro del viento en mis oídos murmura sin cesar y escucho con atención. La inmensidad de su color azul es claro y cristalino, fresco y sereno.
Manoli permanece en silencio, comparte conmigo su tesoro natural. A lo lejos se ven dos picos de roca inmensa, su atractivo de silueta doble le da encanto y misterio a la vez. Y así es como relata Manoli: -Este es el Lago San Mauricio, una hermosa leyenda surge entre dos hombres y amigos, cuando una mañana de Domingo salieron a cazar escopeta en mano, al Rebeco, un animal herbívoro que habita los Pirineos. Pues, al no concurrir a la misa dominical, fueron “encantados” y así quedaron petrificados eternamente convertidos en dos picos que llevan el nombre de Los Encantados. A los pies del lago, observo, la belleza mansa del San Mauricio, resguarda tantas historias de sus habitantes, tantos amores y alegrías de los visitantes, aquí se respira pureza, ahora entiendo a Manoli, sus cabellos blancos guardan secretos y complicidad con Los Encantados teniendo como testigo al Lago San Mauricio, joya autóctona de Espot. A mi lado está Xavi, enseñándome su ronroneo con cariño y a la vez un comportamiento de gratitud.
¡Volveré!, quiero que me oigan, contar mi historia, que vivas en tu piel lo que he sentido yo, no me conocerás por cartas, será a viva voz... No hagas muchos planes, siente el latir de tu corazón que te pide aventuras y nuevos desafíos, escúchalo. Aquí, te esperamos con el abrazo sincero el Municipio de Espot, Manoli y yo.