Buena Nene


Autor: Vito Téllez

Fecha publicación: 09/03/2022

Relato

¡Buena Nene!
Escrito por José Lefian H.

La tarde del catorce de enero de 1992 nos regaló una historia singular. Transcurrió en la ciudad sureña de Osorno, en donde decenas de niños y adolescentes capeaban el calor veraniego en las hondas aguas del Río Rahue. Entre ellos se encontraban dos personajes completamente distintos y distantes el uno del otro; por un lado estaba el Nene, adolescente de clase baja de diecisiete años, nacido y criado a cercanas dos cuadras de la orilla del río, por esta razón con el pasar de los años se había convertido en un prodigio de la natación, en un pescado más de aquel ancho río que se mostraba siempre implacable con los no nadadores. Por el otro lado estaba Jaime, un niño de tan solo ocho años, nacido y criado en tierras lejanas donde ningún río ni lago ni mar se aparecía ante sus ojos, por esta razón las cualidades acuáticas de Jaime eran nulas e insuficientes para nadar en aquellas refrescantes pero traicioneras aguas. Fue esa inexperiencia lo que causó lo terrible; en algún momento de la tranquila tarde Jaime fue arrastrado por una fuerte corriente que lo llevó sin oposición alguna hacia el lugar más hondo del río. A su repentina desaparición le siguieron los gritos de quienes debían preocuparse por él, gritos que acabaron con la tranquilidad del lugar y que enfriaron el alma de todos los que se encontraban cerca. Dos chicos se lanzaron a las aguas al escuchar los llantos desesperados de la hermana que veía impotente a la tragedia desarrollarse ante sus ojos. Pasó un minuto y nada, pasaron dos minutos y nada, minutos que eran horas. Y cuando ya parecía que nada, ni siquiera un milagro, podría devolverlo, de la misma nada salió a flote lo que pareció ser un pescado gigante con un inconsciente Jaime entre sus brazos. Aquel pescado gigante era el Nene, quien se bañaba tranquilo al escuchar los gritos de ayuda, y quien de inmediato y sin que nadie lo viera, se sumergió raudo hacía las profundidades del rahue que tan bien conocía. Cuando lo sacó de las aguas los ojos de Jaime parecían tan idos que muchos pensaron que jamás volverían. Cuando lo dejó en el suelo su rostro azul acero continuaba inconsciente, y mientras aquello no cambiará todo seguía siendo una tragedia. Por suerte el Nene atinó a copiar instintivamente lo que había visto hacer a gente especializada cuando rescataba a las víctimas del río; empujar sistemáticamente el pecho de la víctima con ambas manos para luego darle respiración boca a boca. Cultura general de quienes viven cerca del agua. A pesar de no tener ninguna preparación técnica, el Nene lo hizo perfectamente, y a los segundos el malogrado Jaime volvió en sí, con los típicos aspavientos de los resucitados, y todos sintieron como el peso de la muerte desaparecía de sus hombros. Algunos aplaudieron y vitorearon al héroe. Por allá lejos nació un “¡Buena Nene!” que recorrió toda la orilla y que se pegó a los oídos de un recién despertado Jaime que de inmediato supo que ese era el nombre de su salvador. El héroe de la jornada, humilde como su clase, y sin deseos de protagonismo, desapareció a su vez en las mismas aguas del Rahue sin darle oportunidad a Jaime ni a nadie cercano de agradecerle. La historia parece acabar ahí. La hermana, antes de volver a casa, ordena a Jaime no contar detalles del hecho a nadie, porque eso significaría no solo una retada monumental de sus padres, sino también no volver a salir solos nunca más en sus vidas, cosa que Jaime adoraba, por eso obedeció ciegamente, aunque también obedeció por el miedo de tener que revivir no solo en pensamientos, también en palabras, esos terroríficos momentos bajo las heladas aguas del Rahue. Así pasaron treinta largos años, pero la casi tragedia y en especial, la figura enigmática de su salvador, siempre persiguieron a Jaime. Infinitas noches sufrió pesadillas de otra dimensión que le robaban completamente el aire para finalmente escapar de ellas, despertando sudado, como mojado por las aguas, y a la vez gritando “Buena Nene”. Jaime sabía que aquel Nene era su salvador, sabía que si aquella tarde el Nene no hubiera aparecido, él no hubiera aparecido en muchas otras tardes, y entendió que mientras no agradeciera en persona a quién causó el acto que marcó su vida continuaría en esa especie de limbo entre el buen sueño y la atroz pesadilla. Fue entonces que decidió ir en su búsqueda.

Las rutas de la vida lo habían alejado considerablemente del rio Rahue, quizás como queriendo arrancar de su trauma de niñez. Tuvo que viajar una noche completa de vuelta hacía él. El largo viaje le dio tiempo para pensar en las palabras que escogería para demostrar el agradecimiento que debió por tantos años. Al llegar a Osorno lo primero que hizo fue volver al lugar de los hechos. Al verlo luego de tantos años sintió un miedo terrible, las constantes lluvias del invierno wuilliche hacían ver al bravo río Rahue mucho más grande e imponente que en sus recuerdos de niño. Se volvió a ver bajo sus aguas como aquella vez, sufrió de esa horrible impotencia como aquella vez. Decidió concentrarse en su misión y recordó que solo tenía una pista para encontrar a quien lo salvó, un simple apodo; Nene, y entendió que encontrarlo sería todo un desafío. Con la voluntad de los que están completamente convencidos de su objetivo, comenzó a preguntar por las casas del área si conocían a algún adulto apodado “nene”, el que por ahora debería tener unos cuarenta años. Como era de esperarse el primer día no logró nada, el segundo tampoco. No sería hasta el tercer día cuando como guiado por un destino que por fin se ponía de su lado, llegó exactamente a la casa donde el Nene había vivido en ese verano del 65, al tocar salió una de sus hermanas, la que sin mucha curiosidad ni desconfianza le indicó que el hombre con ese apodo era su hermano pero que hace muchos años qué no vivía en ese hogar, que trabajaba en el hospital de la ciudad, y que le aconsejaba dirigir sus pasos hacía ese lugar si deseaba encontrarlo. Jaime así lo hizo. Emocionado y ansioso, supo que estaba cerca de concretar un momento que le debía a su salvador tanto como se lo debía a él mismo. Solo una hora tuvo que esperar para encontrarse cara a cara con el hombre que le había salvado la vida, quien en realidad se llamaba Rene Alvarado. Cuando Jaime le explicó el motivo de su presencia, no pudo evitar emocionarse hasta las lágrimas con sus propias palabras. Había mucha emoción contenida que explotaba en ese momento. El Nene, quien de primera no pareció entender, al final comprendió, aunque nunca supo cómo reaccionar, por eso pasaba de la incredulidad a la risa y luego al asombro para volver a la incredulidad. Entendible pensó Jaime, quien sin dudas también se vería complicado si un desconocido hombre adulto le hablará, llorando, como si fuera un dios salvador. Dos minutos duró el encuentro entre ambos, apenas dos minutos. Trescientas palabras dijo Jaime ese corto tiempo, solo veinte palabras logró responder el Nene. Pero no pasa nada, Jaime logró su objetivo y se sintió raramente satisfecho, aunque nunca pudo dejar de tener pesadillas con aquel rio que lo seguía y que parecía que nunca iba a dejar de seguirlo. Aprendió a consolarse pensando que esa es la manda que se debe pagar cuando escapas de la muerte sin que esta te haya dado el permiso.