BLANCO


Autor: Jime

Fecha publicación: 10/03/2022

Relato

- Mamá, estoy muy nerviosa, ¡no me puedo dormir!
- Jimena, tienes que descansar. Mañana te espera un viaje largo hasta Espot para ver a los abuelos.
Después de un largo viaje donde atravesó toda la península oblicua.
Jimena llegó al fin a casa de sus abuelos. No podía creer lo bonito que era. Entera de piedra y con un techo de pizarra negra que parecía dibujado.
¡Era como la casita de chocolate!
Cerca había un puente muy antiguo que pasaba por un río. El río Escrita. Recordó que su abuelo de pequeña le hablaba de ese río, que se formaba en las altas montañas en el parque nacional de Aigüestortes, y que salían de unos lagos muy bonitos que se encontraban allí, como el de San Mauricio. Cuando se adentró en la casa, su abuela le tenía preparada una suculenta comida para darle la bienvenida al valle. Trinchado de col y patata con tocino, butifarra dulce con manzana, puerna de cordero medchada, calçots con salsa romesco, coca con miel…
- ¡Abuela, por Dios. Qué cosas más ricas me has cocinado!
- Mamá también ha preparado unas cositas para vosotros. Traigo papas con chocos, gambas, atún con tomate, raya al pimentón, jamón y unas fresitas de postre.
- ¡Qué ganas tenía de verte, Jimena!
- Llevo semanas contándole a mis vecinos que mi nieta iba a pasar por fin unos días con nosotros. Hay muchos nichos de tu edad por aquí y quiero enseñarte el maravilloso sitio donde vivimos.
- Aquí, en el Valle de Espot y en toda la comarca de Pallars Sabira hay muchas cosas divertidas que hacer.
Existen unos senderos muy bonitos por recorrer, incluso puedes hacer alpinismo si te atreves. Aunque lo que yo creo que más te va a gustar es la estación de esquí.
- ¿Nieve? ¿Aquí hay nieve? ¡Biennnnn! ¡Yuhuuuuu!
En Huelva tenemos mucho verde, pero no hay esas montañas tan chulas.
Las playas son extensas de arena blanca, pero no tan blanca como la nieve de aquí. ¡Estoy desenado de ponerme el gorrito de lana y disfrutar!
- Seguro que lo pasarás en grande Jimena, pero ahora tienes que descansar después de ese viaje tan largo que has hecho. Te he preparado la habitación más calentita la que tiene una chimenea pequeñita y una ventana grande, de donde puedes observar el paisaje tan bonito que tenemos.
- ¡gracias abuela!¡Estoy feliz por estar aquí!
Jimena se sentía cansada y excitada a la vez. Abrió su maleta y sacó un pijama de borreguito enterizo, de esos que llevan cremallera y gorro con orejitas, pues su madre sabía que allí hacía mucho frio en invierno. Se metió en la cama gustosamente y suspiró mientras miraba por la ventana. A través de ella puedo ver como su abuelo ordeñaba una vaca y sacaba una leche blanca blanca.
- ¡Aquí todo es muy blanco! Se dijo Jimena con una sonrisa tímida.
- Voy a poner yo también mi mente en blanco a ver si descanso un poquito.
Y así fue como Jimena logró quedarse dormida, después de tanta excitación por el viaje y todo lo que veía y le esperaba, pero estaba muy equivocada en una cosa…. Su mente no se quedaría en blanco, ni como la nieve, ni como la leche….
En cuento cerró los ojos, se trasladó a un mundo mágico. Se encontraba rodeada de macizos encantados. Vestía como una princesa antigua y vivía en un castillo, el castillo de Llort. Pro sus saeteras podía divisar la Torre dels Moros y otras edificaciones que no eran actuales. Era todo muy raro. Sonaba una música de arpa de fondo y parecía que todo flotaba en el aire.
Con el canturreo de los pájaros mañaneros, la princesa Jimena se dirigía a una iglesia preciosa para cultivar su fe. Era la iglesia de Santa Leocadia. Su campanario de torre cuadrada y acabada en una especie de pirámide, le hacía a Jimena que se encontraba en la zona. Tenía un retablo imponente de adornadas columnas y apliques, que le daban la extravagancia a la sobriedad que reinaba en todo el templo, blanco como la nieve del Pirineo al que mira de frente.
- ¡Seguimos en la gama de blancos!

Pensaba Jimena, aunque hayamos retrocedido al siglo XV.
- ¡Señora Marquesa de Pallars!
Le preguntaba a Jimena cuando salía del templo. Me complace presentarle al Duque de Cardona. No he tenido más remedio que presentárselo, pues se ha quedado prendado de tanta belleza.
Ella, sonrojada, le miró a los ojos e inmediatamente bajó la cabeza, dándose cuenta en ese mismo momento de que iba a formar parte de una gran historia….
- Toc, toc, toc, sonaba la puerta de su cuarto.
- Jimena ¿estás despierta?
La niña, totalmente aturdida y confusa, se miró a sí misma y comprobó que seguía teniendo el pijama de borreguito con orejas.
- ¡sí! ¡Adelante!¡Puedes pasar abuela!
- Ya es hora de que te levantes. Han venido a buscarte los vecinos para salir a jugar.
- ¡Abuela, abuela!¡He tenido un sueño maravilloso! Yo era una princesa muy importante de la zona y….
- ¿Eras la duquesa de Medinaceli?
Le preguntó la abuela con una sonrisa
- No, dijo Jimena. Se referían a mí como Señora Marquesa de Pallars, y conocí a un apuesto duque, al que llamaban de Cardona….
- ¡te has adentrado desde el principio de las profundidades del Valle, Jimena!¡Sin duda este sitio te ha atrapado! Es hora de que te vistas y vayas a dar una vuelta por los alrededores con los vecinos. ¡Te esperaban como agua de mayo!
La niña se enfundó en unos pantalones calentitos, un jersey verde de lana y un gorro de rayas que le tapaba hasta las orejas del que colgaba dos grandes borlones. ¡Estaba deseando estrenarlo!
- Mi madre debería haberme echado ropa algo más blanca….
Dijo espetando una sonrisa tímida.
Al salir de la casa había muchos niños dándole la bienvenida. Fueron muy acogedores con ella.
Sus abuelos le vieron alejarse de la casa rodeada de amigos, habiendo que le esperaba grandes aventuras.
Todos se confundían con el blanco de fondo. Todos menos un gorro de colores.